mayo 30, 2026
sabe

Por José Guadalupe Rocha Esparza

El idioma español puede expresar casi todos los matices. Por ejemplo, gente que dice “quizás”, vocablo formado a partir del latín “qui sapit” o “quién sabe”, palabra que utilizan algunas personas para distanciarse a menudo de sus propias opiniones y por ello se muestran más proclives a reconsiderarlas, reculando con la frase “lo más seguro es que quién sabe”.

Se tiende a la afirmación tajante, a la seguridad personal, al aserto incontrovertible, pero la inconcreción está prevista con paradójica precisión en nuestra gramática cuando el amigo o amiga nos dice: “tal vez”, “es posible que”, “no estoy muy seguro”, “acaso”, “a lo mejor”, “probablemente”, “no depende de mí”, es decir “quizás” o “lo más seguro es que quién sabe”.

Tal expresión ambigua nos recuerda lo que dijo un ministro recientemente: “Mi paciencia es infinita, pero se está acabando”. Es decir, la finura de los pinceles acaba para optar por la contundencia de la brocha: “quizás”. De ahí surgen las “incertidumbritas agudas del desempleo”. Avanzan los días y pregunto: ¿Cuándo? Ellos responden: “lo más seguro es que quién sabe”.

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