abril 30, 2026
Diablo Montoya

Por José Guadalupe Rocha Esparza

Los héroes del deporte son dramáticamente transitorios. En el deporte exacto, de oscura matemática y ballet sin música, existieron dos leyendas del béisbol mexicano: un ídolo de los Diablos Rojos del México, nacido en Mexicali (1940) y un ícono de los Sultanes de Monterrey, toletero de Chihuahua (1939). Uno de magnético guante; el otro temible con el bate.

Ramón “El Diablo” Montoya, conquistó los campeonatos de 1968, 1973, 1974 y 1976, con un promedio de bateo de .316, en la posición de jardinero central. Héctor “El Superman de Chihuahua” Espino, campeón bateador en 1964, 1966, 1967, 1968 y 1973, con un promedio de bateo de .335, en la posición de primera base. Ambos ejemplos de entrega y férrea disciplina.

El 11 de agosto de 1963, Diablos y Sultanes jugaron en el otrora Parque Deportivo del Seguro Social. La temida voltereta estaba a la vista. “Superman” golpeó el aire con el bat. Un silencio enfrió la casa de los demonios. Nadie masticaba pepitas. Y cuando la pelota ya estaba del “otro lado”, “El Diablo” chocó contra la barda para atraparla en forma inverosímil.

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