La propina
Por José Guadalupe Rocha Esparza
En México, la propina, del latín “propinare”, “dar de beber” o dar óbolos, es un arte, vieja costumbre de recompensar económicamente por el servicio recibido, reflejo atávico para agradecer mediante un donativo al que hace su trabajo esperando una recompensa adicional o de quienes practican la abstinencia de esa transacción por así convenir a su interés.
Algunos quedan contentos, otros no. La magnanimidad puede ser vista para unos como agresión o insulto, ya que aparenta superioridad sobre el que recibe. O aquella falsedad del mesero dispuesto al sacrificio “A sus órdenes, mi señor”, sugiriendo la bebida más dispendiosa. Sabe que la propina depende del monto de la cuenta, no de su generosidad.
Y qué decir de aquellos servicios públicos que dependen de la voluntaria subvención del ciudadano, algunos misteriosos, otros entendidos, que refrendan un contrato social, cual faraón egipcio de mano tendida. ¿Qué reputación tendremos si dejamos o no propina? En Japón el personal no acepta propinas e incluso puede devolverlas. Gustan ser hospitalarios.
