Empleos no deben tener experiencia mínima ni fecha de caducidad
>> Ser joven o mayor no debe ser un obstáculo para trabajar perfiles de más de 50 ya no son considerados y menores de 30 “no tienen experiencia”.
Staff Tu Revista Perfiles
Ciudad de México.– En México, conseguir empleo puede depender más de la edad que del talento o la experiencia. Miles de personas, tanto jóvenes como mayores, se enfrentan a un obstáculo silencioso pero poderoso: el edadismo laboral, una forma de discriminación que limita oportunidades y profundiza la desigualdad.
Después de los 50, el silencio de los reclutadores
Según datos recientes, las personas mayores de 50 años tienen las menores probabilidades de ser contratadas, incluso si cuentan con décadas de experiencia y un historial laboral ejemplar. A menudo, sus perfiles ni siquiera son considerados, como si el paso del tiempo restara valor a sus habilidades.
Lo más alarmante es que la exclusión no espera a la vejez: comienza desde los 50 años, cuando muchas personas siguen activas, motivadas y con plena capacidad productiva.
La juventud atrapada en el limbo de la “falta de experiencia”
Del otro lado de la moneda, los menores de 30 años también enfrentan un mercado que les cierra la puerta. La exigencia de experiencia previa se convierte en una barrera absurda: ¿cómo adquirir experiencia si no se les permite empezar? Muchos terminan en empleos informales o precarios, sin prestaciones ni futuro claro.
Entre los 30 y 39: la “edad dorada” del empleo
Hoy, el grupo más valorado por las empresas se encuentra entre los 30 y 39 años, considerados el equilibrio perfecto entre juventud y madurez. Pero esta preferencia deja fuera a dos generaciones completas que también tienen mucho que aportar.
¿Por qué seguimos desaprovechando tanto talento?
El edadismo en México responde a prejuicios profundamente arraigados: se duda de la adaptabilidad de los mayores, se teme por los costos, o simplemente no se invierte en capacitación y reinserción. No hay políticas públicas suficientes que garanticen la empleabilidad de adultos mayores ni mecanismos que integren eficazmente a los jóvenes al mundo laboral.
Un llamado a la acción: el trabajo no tiene edad
Combatir esta forma de discriminación exige cambios culturales y estructurales: incentivos fiscales, programas de actualización profesional, formación dual para jóvenes, y sobre todo, un cambio de mentalidad en las empresas que reconozca el valor de la experiencia, la energía y la diversidad generacional.
Porque el trabajo no debería tener fecha de caducidad. Ni una edad mínima para comenzar.
