abril 16, 2026

Medidas simbólicas contra medidas concretas ante un genocidio: La administración de la inacción

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se come a gaza

Los medios de comunicación

tienen el poder de informar

y de formar opiniones”

Anónimo

Por Pedro Gonzales Castro y

Rutilo Tomas Rea Becerra

El juramento de «nunca más», pronunciado tras el Holocausto, se ha desvanecido en la historia como una promesa vacía. En el curso del siglo XX y XXI, la comunidad internacional ha presenciado la repetición de crímenes atroces en Ruanda, Bosnia y, más recientemente, en Palestina, demostrando una y otra vez una desconexión abismal entre la retórica moral y la acción decisiva. Este ensayo sostiene que la dicotomía entre las medidas simbólicas —declaraciones de condena, resoluciones no vinculantes y conmemoraciones— y las medidas concretas —intervención militar, sanciones severas y persecución judicial— no es una simple cuestión de falta de voluntad, sino un mecanismo deliberado de gestión política. Las medidas simbólicas, analizadas desde la perspectiva de la propaganda (Bernays, 1928) y la microfísica del poder (Foucault, 1978), son herramientas activas que los Estados y organismos internacionales utilizan para proyectar una imagen de compromiso ético, mientras evitan los costos y riesgos de una acción real.

El universo de las medidas simbólicas es, en esencia, el campo de batalla de la propaganda. En lugar de detener los crímenes, estas acciones se centran en la gestión de la percepción pública y la legitimación de la inacción. Las resoluciones de la ONU que condenan la violencia, los pronunciamientos de jefes de Estado y las comisiones de investigación sin poder coercitivo son el telón de fondo de una elaborada maquinaria mediática. Los gobiernos y los medios de comunicación a menudo emplean el framing (Entman, 1993), utilizando un lenguaje selectivo para moldear la opinión pública. Como señalan Herman y Chomsky (1988), este «manufactura del consenso» permite enmarcar los genocidios como «conflictos étnicos» o «crisis humanitarias», evitando así la obligación legal y moral de intervenir (Power, 2002). Foucault (1978) nos recuerda que el poder no se ejerce solo por la fuerza, sino a través del control del discurso. En este contexto, las medidas simbólicas son una manifestación clara de este poder: una forma de acción política diseñada para desviar la atención de la inacción.

En contraposición, las medidas concretas (intervención militar, sanciones económicas, enjuiciamientos) son las únicas que poseen el potencial real de detener una masacre. Sin embargo, los Estados se muestran reacios a implementarlas debido a los altos costos y riesgos. La aversión a la acción se basa en una gestión estratégica de crisis (Coombs, 2019; Kotler & Lee, 2007) donde el mantenimiento de una imagen positiva y la minimización de riesgos políticos prevalecen sobre la protección de vidas humanas. Las intervenciones militares conllevan costos económicos y bajas, y las sanciones pueden afectar las alianzas geopolíticas y los intereses económicos. En este escenario, la propaganda se convierte en el mecanismo principal para justificar la pasividad ante la opinión pública. La psicología de las masas (Le Bon, 1895) demuestra que el público, influenciado por discursos persuasivos, a menudo prefiere las medidas simbólicas que le permiten sentirse moralmente superior sin exigir un verdadero sacrificio.

La situación actual en Palestina sirve como un ejemplo contundente y doloroso de esta gestión de la inacción. La comunidad internacional ha emitido innumerables declaraciones de preocupación y resoluciones de la ONU sobre la «crisis humanitaria» en Gaza. Sin embargo, estas medidas simbólicas han sido sistemáticamente paralizadas por vetos de potencias aliadas, como el de Estados Unidos a resoluciones que pedían un alto el fuego inmediato y la admisión de Palestina como Estado miembro de la ONU. Esto demuestra que la «preocupación» expresada en comunicados oficiales carece de valor sin un verdadero respaldo político. Mientras tanto, las sanciones económicas y los embargos de armas han sido limitados (Anadolu Ajansı, 2024), aplicándose a individuos en lugar de detener el flujo de recursos que alimentan el conflicto. El debate en torno al uso del término «genocidio» en este contexto es, en sí mismo, un acto de framing, donde las potencias buscan evitar la obligatoriedad legal de intervenir, a pesar de las advertencias de organizaciones como Amnistía Internacional (2025) y la Corte Internacional de Justicia.

En conclusión, la dicotomía entre lo simbólico y lo concreto es una farsa moral. Las medidas simbólicas no son una mera «falta de acción», sino una forma de acción política diseñada para perpetuar el statu quo y proteger los intereses de los poderosos. La comunidad internacional, con su constante retórica de la «preocupación» y sus resoluciones sin dientes, es directamente cómplice de la violencia y el sufrimiento. En el caso de Palestina, hemos visto cómo el aparato de la propaganda ha logrado desviar la mirada del mundo, permitiendo que la inacción se convierta en una política aceptable. El precio de esta complicidad es incalculable, medido en vidas perdidas y en la erosión de la ética internacional. Es imperativo que la ciudadanía resista la persuasión (McGuire, 1964) y exija que las promesas de «nunca más» se traduzcan en una responsabilidad genuina y acciones decisivas. La inacción, disfrazada de diplomacia, es el genocidio por otros medios.

Referencias

Amnistía Internacional. (2025). Estados Unidos: En pleno genocidio israelí, el veto a la resolución de la ONU que pide que se levanten las restricciones a la ayuda humanitaria en Gaza….

Anadolu Ajansı. (2024-2025). ¿Cuál ha sido la respuesta global a la situación en Gaza en términos de las exportaciones de armas?

Bernays, E. L. (1928). Propaganda. Horace Liveright.

Coombs, W. T. (2019). Ongoing Crisis Communication: Planning, Managing, and Responding (5th ed.). Sage Publications.

Entman, R. M. (1993). Framing: Toward Clarification of a Fractured Paradigm. Journal of Communication, 43(4), 51-58.

Evans, G. (2008). The Responsibility to Protect: Ending Mass Atrocity Crimes Once and for All. The Brookings Institution.

Foucault, M. (1978). Microfísica del poder. Las Ediciones de La Piqueta.

Herman, E. S., & Chomsky, N. (1988). Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media. Pantheon Books.

Jowett, G. S., & O’Donnell, V. (2012). Propaganda & Persuasion (5th ed.). Sage Publications.

Le Bon, G. (1895). Psychologie des foules [Psicología de las masas]. Félix Alcan.

McGuire, W. J. (1964). Inducing resistance to persuasion: Some contemporary approaches. In L. Berkowitz (Ed.), Advances in experimental social psychology (Vol. 1, pp. 191–229). Academic Press.

Power, S. (2002). A Problem from Hell: America and the Age of Genocide. Basic Books.

Schabas, W. A. (2009). Genocide in International Law. Cambridge University Press.

Tajfel, H., & Turner, J. C. (1979). An integrative theory of intergroup conflict. Organizational Identity: A Reader, 56, 47-63.

  1. (2000). Report of the Independent Inquiry into the Actions of the United Nations during the 1994 Genocide in Rwanda. Naciones Unidas.

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