Nayarit entra al año preelectoral entre cargadas, rupturas y simulaciones
Sumario: El proceso rumbo a la gubernatura de Nayarit comienza a moverse desde ahora entre alianzas frágiles, campañas anticipadas y reacomodos políticos que anticipan una contienda compleja, marcada por la elección concurrente y la descomposición de viejas lealtades partidistas.
Por Manuel Rueda
En este 2026 inicia un año profundamente electoral. Aunque será hasta el último tercio del año cuando se emita la convocatoria formal para que los partidos registren a sus prospectos para suceder a la actual administración gubernamental, la realidad es que el proceso ya comenzó. Desde enero, el gobierno en turno entra en el declive natural que acompaña el cierre de un sexenio, y con ello se acelera la lucha por la sucesión.
El 2025 concluyó con cargadas evidentes y procesos de respaldo anticipado a diversos actores políticos de la entidad que, sin rodeos, aspiran a convertirse en los abanderados de sus respectivos partidos. Se trata de movimientos que se presentan como espontáneos, pero que responden a una lógica ya conocida de adelantarse a los tiempos legales bajo el disfraz de “posicionamiento”.
Elección concurrente: el primer gran reto
Uno de los factores que vuelve especialmente complejo el proceso venidero es que se tratará de una elección concurrente. En una misma jornada se elegirá gobernador, diputados federales y locales, alcaldes y regidores. Este escenario no solo saturará al electorado, sino que obligará a los partidos a diseñar campañas múltiples, muchas veces contradictorias entre sí, donde los intereses locales y estatales no siempre caminan en la misma dirección.
El PRI, en caída libre
Otra diferencia sustancial respecto a procesos anteriores es la condición del PRI en Nayarit. El partido tricolor se encuentra claramente a la baja y buena parte de sus cuadros históricos han optado por cambiar de chaqueta, acomodándose —algunos con sorprendente facilidad— en fuerzas políticas que, hasta hace no mucho, juraban no pactar jamás con priistas. El pragmatismo ha reemplazado a la congruencia.
Morena y el Verde: una alianza en crisis
En este mismo contexto se observa un marcado distanciamiento entre el PVEM y Morena, derivado de la llamada Ley Esposa, iniciativa que en varias entidades busca facilitar la sucesión de esposas de mandatarios en funciones. El tema no es menor: exhibe tensiones internas y disputas de poder que amenazan con romper alianzas que parecían sólidas.
Este escenario impacta directamente a Jasmín Bugarín, dirigente del Partido Verde en Nayarit, quien desde hace meses realiza lo que en los hechos es una campaña anticipada. Más grave aún es el uso reiterado de los colores de Morena, una práctica que raya en la simulación y busca confundir deliberadamente al electorado para capitalizar una alianza que hoy ya no es tan clara.
PAN, MC y las alianzas posibles
Por otro lado, el PAN —donde se perfila a Ivideliza Reyes Hernández como posible candidata— se muestra renuente a reeditar una alianza con el PRI. Esta negativa abre múltiples escenarios: acuerdos Verde-MC; PAN-Verde; PAN-MC; o incluso un frente más amplio que, pese a todo, podría terminar incluyendo al PRI si la lógica del “todos contra Morena” se impone.
Hasta el cierre de este año, Morena parece conservar amplias posibilidades de triunfo sin un esfuerzo extraordinario. Eventualmente, tendría que definir si su candidatura corresponderá a Geraldine Ponce o Pável Jarero, en función de la determinación del género, un factor que hoy pesa más que los proyectos políticos de largo aliento.
Los operadores ya se mueven
Así, aunque aún falte un largo tramo para el arranque formal de la contienda por la gubernatura de Nayarit, a partir de enero comenzarán a hacerse visibles los reacomodos de piezas tanto en gobiernos estatales y municipales como en los partidos políticos. La colocación estratégica de los ya conocidos operadores políticos confirma que, una vez más, la carrera empezó mucho antes de que la ley diga que puede comenzar.
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