La política sí, la familia no: el límite ético que no debe romperse
Por Manuel Rueda
Sumario: En tiempos de confrontación constante, es necesario recordar que el debate público tiene límites éticos: la crítica política es válida en lo que concierna a su actividad, pero las familias, sobre todo las mujeres y los hijos, deben permanecer fuera de la arena de agresiones.
En el ejercicio de la política, el debate, la crítica y el contraste de ideas son no solo inevitables, sino necesarios. Quien decide participar en la vida pública —ya sea desde un cargo o en la búsqueda de uno— debe estar dispuesto al escrutinio de sus acciones, decisiones y posturas.
Sin embargo, existe una línea que no debería cruzarse: la que separa la crítica política del ataque personal hacia las familias.
El límite que no debe romperse
En los últimos años, el crecimiento de las redes sociales ha amplificado la participación ciudadana, pero también ha normalizado una práctica preocupante: llevar la confrontación política al terreno de lo personal, atacando a mujeres, muchas veces desde el anonimato y sin responsabilidad alguna.
Es cierto que, en ocasiones, personas cercanas a actores políticos deciden expresarse públicamente. Pero hacerlo, defenderse o fijar una postura ante una agresión, no debería convertirse en justificación para abrir la puerta al insulto, la descalificación o la violencia verbal.
Responder no es lo mismo que exponerse voluntariamente al ataque.
La dignidad no es parte del debate
La política puede ser dura, ríspida y hasta incómoda. Pero eso no significa que todo esté permitido. La dignidad de las personas y menos de las mujeres, no puede ser moneda de cambio en el debate público, ni mucho menos un recurso para golpear indirectamente a quien participa en la vida política.
Normalizar este tipo de conductas no fortalece la democracia; la degrada.
Un llamado a elevar el nivel
Si algo necesita hoy la discusión pública en México, es elevar su nivel. Criticar sí, cuestionar también, exigir con firmeza… pero sin perder el respeto por las personas y sus entornos más cercanos.
Porque cuando la política invade lo más íntimo, deja de ser debate y se convierte en agresión.
Y ahí, todos perdemos.
🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

