2 de octubre de 1968: Tlatelolco y la deuda histórica que México aún no salda
✍️ Por Manuel Rueda
Tu Revista Perfiles
Lo más destacado:
- A 58 años de la matanza, las cifras oficiales de muertos y desaparecidos siguen siendo un misterio, pero la memoria de las y los estudiantes permanece intacta.
- La responsabilidad histórica del operativo represivo recae directamente en el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz y su secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez.
- El movimiento del 68 no fue solo una protesta, fue un grito por la democracia que sigue resonando en las nuevas generaciones.
La Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, guarda uno de los capítulos más oscuros y dolorosos de la historia moderna de México. Aquel 2 de octubre de 1968, un operativo militar y policial desató una masacre contra un movimiento estudiantil pacífico que exigía libertades democráticas, el fin de la represión y la destitución de los jefes policiacos, todo en la antesala de los Juegos Olímpicos de México 1968.
La noche que cambió a México
Lo que comenzó como una manifestación para desagraviar a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y al Instituto Politécnico Nacional (IPN), y para exigir la liberación de presos políticos, terminó en un baño de sangre. Testigos presenciales y investigaciones posteriores han documentado cómo francotiradores y elementos del Batallón Olimpia, vestidos de civil con un pañuelo blanco en la mano izquierda, abrieron fuego contra la multitud desarmada, que incluía a estudiantes, transeúntes, mujeres y niños.
A más de medio siglo de los hechos, las cifras siguen siendo una herida abierta. Mientras los informes oficiales de la época hablaron de apenas unas decenas de fallecidos, organizaciones de víctimas, investigadores y el propio movimiento estudiantil han sostenido que el número de muertos, heridos y desaparecidos asciende a cientos.
Díaz Ordaz y Echeverría: la sombra del poder
La responsabilidad política y operativa de aquella noche recae de manera indiscutible en la cúpula del gobierno de la época. El presidente Gustavo Díaz Ordaz adoptó una postura de mano dura, calificando al movimiento como una conspiración comunista y una amenaza a la estabilidad del país, autorizando el uso desproporcionado de la fuerza.
Por su parte, Luis Echeverría Álvarez, entonces secretario de Gobernación, fue el encargado de manejar la «negociación» con el Consejo Nacional de Huelga (CNH). Sin embargo, investigaciones históricas y desclasificación de documentos han señalado su papel central en la estrategia de inteligencia y represión que culminó en la matanza, una sombra que persiguió su posterior presidencia y sus intentos de presentarse como un líder de apertura democrática.
La memoria como acto de justicia
El movimiento del 68 no logró sus demandas inmediatas, pero sembró una semilla de conciencia ciudadana que transformó a México para siempre. Las y los jóvenes de aquella generación pagaron con su vida, su libertad o su exilio el precio de soñar con un país más justo.
Hoy, a 58 años de distancia, la exigencia de las familias de las víctimas sigue siendo la misma: verdad, justicia y la aparición con vida de los desaparecidos. Recordar Tlatelolco no es un acto de rencor, es un imperativo democrático para que las nuevas generaciones conozcan el costo de las libertades que hoy disfrutan y para exigir que la historia no se repita.
🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

