abril 24, 2024

 “El colonialismo, además de todas sus dominaciones (…)

también ha sido una dominación epistemológica, una relación

extremadamente desigual entre saberes que ha conducido a la

supresión de muchas formas de saber propias de los pueblos y

naciones colonizadas, relegando muchos otros a un espacio de

subalteridad”

Buenaventura De Sousa

Por Dr. Rutilo Tomás Rea Becerra

y Dr. Pedro Gonzáles Castro

Para cambiar un sistema social, no es suficiente con transformar las relaciones de producción y distribución (léase relaciones de explotación), la democracia liberal tampoco ha garantizado los cambios necesarios que se requieren para una sociedad, es fundamental comprender que la economía y la política no se mueven en un campo abstracto, que son parte de una estructura sistémica donde el capitalismo, como sistema, es capaz de generar su propia cultura por lo que si ésta no se modifica, no se está transformando nada.

El golpe de estado en Chile (1973), y lo sucedido recientemente en Bolivia, Uruguay, Ecuador y Brasil, son evidencias tangibles de que, en una democracia liberal, no es suficiente con asumir el poder del gobierno para transformar una realidad. La asunción de la autoridad quedó limitada al ámbito jurídico-político y no se llegó a rebasar la esfera electoral.

Históricamente, el liberalismo ajusta a conveniencia sus estrategias para mantener el poder. Por ello, es importante tener en cuenta que para los gobiernos progresistas no basta con ganar las elecciones, un cambio verdadero requiere de una evolución cultural.

En este sentido, es importante tener en cuenta que la cultura promovida por el capitalismo es una cultura alienante matizada por el miedo, la ambición, el consumismo, la individualidad, etc., que se interioriza en el sujeto hasta llegar a conformar las llamadas sociedades de control. Por ello, es importante saber que el conservadurismo no solo está en la derecha, que el patriarcado no se termina con un cambio en las relaciones de producción y distribución, que el machismo no solo está anclado en los hombres, que el racismo no se termina con una caridad al pobre, al indígena o al mendigo, que la corrupción no solo está en la economía, que López Obrador no va a transformar al mundo.

Las críticas no bastan. Es necesaria la participación y la militancia activa en cualquier trinchera de lucha. Es importante entender que las mujeres por si solas no terminarán con la violencia, que la homosexualidad no es una enfermedad -pero la homofobia sí-. La democracia liberal no es un fin, sino una relación de poder en donde los aspectos económicos por si solos no son una alternativa anti neoliberal.

Una economía que solo funciona para acumular riqueza a través del mercado, continúa reproduciendo la ley del valor y permanece en la estructura capitalista.  En su afán de crecimiento y expansión, este sistema ha generado despojo, miseria de una gran masa de la población mundial y crisis medioambiental, y en su afán unicultural, ha roto el tejido social generado entre los muchos que no tienen nada que perder y los pocos que temen perder su todo. Una economía que funciona para el buen vivir (como una manera de generar y administrar los recursos para vivir con dignidad no solo algunos, sino todos), implica ir transformando no solo las relaciones de explotación, sino la forma en que concebimos el mundo.

En este sentido, los indicadores que actualmente rigen la economía como el PIB, el nivel de ingreso, etc. deben ser superados por indicadores alternativos y poder medir la capacidad de atender las necesidades de las comunidades y los pueblos a través de sus propias experiencias.

No se trata de vivir de la nueva economía, sino para la nueva economía. No se trata de hacer cosas para otros, sino junto con los otros y generar un proceso de CONCIENCIACIÓN COLECTIVO.

Continuaremos en esta reflexión.

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