marzo 4, 2024

Por José Guadalupe Rocha Esparza

El mundo se inaugura con la sola presencia femenina al empezar el día. No se necesita más nombre que el de mujer, ser de luz, gloria eterna. Lleva la exquisita emoción de Elizabeth Barret; el espíritu feminista de la Décima Musa, infatigablemente estudiosa; valor y nobleza de espíritu como Marie Curie; encarnación de beldad y brío romántico de aquella María Estuardo.

Mujer, esposa y madre, indomable señora, que su sola presencia femenina enciende ánimos como Isabel I; que avanza sin temor como Juana de Arco, prosiguiendo y renovándose; inspiradora, agudeza ilustrada y fuerza interior asombrosa como Helen Keller; que cura heridas y consuela como Florence Nightingale, rompiendo costumbres y prejuicios con voz suave.

Talentosa, resuelta, atrayente, calculadora e inteligente como Cleopatra; delicada, etérea, gozosa de vivir, compasiva y gusto por las flores como Ana Pavlova; animosa, chispeante ingenio, arrojo, entereza y vehemencia como Santa Teresa o cuidadosa abuela de mirada joven como Victoria, Reina de sentido común y todo ocupada. Presencia femenina, bienvenida.

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