marzo 4, 2024

Por Sergio Mejía Cano

Es evidente que la imprudencia de unas personas perjudica a otras más, como en los accidentes automovilísticos entre vehículos y atropellamientos a personas, tanto en las ciudades como en las carreteras. Una persona se atraviesa sin fijarse una calle y ya pasó a perjudicarle y amargarle el día a quien vaya detrás del volante. Otra más invade el carril de circulación contraria y ya desestabilizó a una o varias familias.

Recientemente en algunos medios informativos locales salió la nota de que la madrugada del pasado miércoles 15 del presente mes de marzo en el boulevard Colosio, una camioneta de color blanco había invadido el carril contrario y chocó de frente contra un torton cañero, en donde quien conducía la camioneta blanca perdió la vida al quedar prensado debido al fuerte impacto y, por lo mismo, el chofer del torton cañero había sido “asegurado” por las autoridades mientras se lleva a cabo el proceso legal que su situación.

Y he aquí el meollo del asunto a tratar, pues si hay evidencias de que el conductor del torton no tuvo culpa alguna al haber sido chocado por el otro vehículo que invadió su carril de circulación, entonces ¿por qué detenerlo? ¿Por qué pasar a perjudicarle el momento, el día y quien sabe cuántos más? ¿Nada más por haber sido chocado imprudentemente por otro vehículo con el que momentos antes no sabía ni siquiera de su existencia?

Está bien que se tienen que deslindar responsabilidades; pero ¿qué acaso no existe la evidencia suficiente para hacer que siga su camino el torton cañero, en caso de poder seguir circulando? ¿Qué no habrá peritos que se hagan presentes en el lugar de los hechos y determinen que uno de los conductores no tiene culpa alguna y, después de una revisión de alcoholemia dejar que sigua su camino?

Cuando un vehículo atropella a alguien a media calle, por lo regular se sataniza a quien vaya manejando el vehículo automotriz tachándolo de cafre y, por lo regular, en varios medios se dice que iba a exceso de velocidad sin que esto sea comprobable de momento. Es obvio que, si un vehículo arrolla a alguien en medio de la calle, la persona que conduce el vehículo pudo no haber tenido culpa alguna; sin embargo, si no huye, esta persona es “asegurada” y hasta la hacen tener que calentar cemento en calidad de detenida.

Claro que para todo hay gente y desde luego, hay cafres que manejan imprudentemente y sin tomar las medidas adecuadas de seguridad; sin embargo, en caso de atropellamientos a media calle, ¿qué culpa podría tener la persona que conduzca un vehículo? Mientras un vehículo de cualquier tipo no se suba a la acera y atropelle gente, es evidente que la culpa sería de quien se atravesó la calle sin fijarse.

También queda claro que nadie estamos exento de no poder ser arrollados en cualquiera de las calles o carreteras, porque hay ocasiones en que se nos va el avión y por ir pensando en las quijadas del cangrejo, nos atravesamos las calles como si estuviéramos en la sala o el patio de nuestra casa. En mi caso particular lo confieso: me ha pasado; pero afortunadamente me han alcanzado a ver con tiempo sonando el claxon y, aunque me recuerden el 10 de mayo o me hagan ver mi estupidez, de todos modos, lo agradezco.

A propósito de asuntos particulares, un domingo de junio de 1958, mi hermana menor de tan solo tres años de edad perdió la vida al ser golpeada por un camión del servicio urbano en la ciudad de Guadalajara, Jalisco.

Mi mamá y una tía nos habían llevado a la matiné al cine Roxy, de regreso al bajar del camión que era el número económico 37 de la línea Norte y Sur, bajó la tía y recibió a Elvia, enseguida un servidor de cinco años de edad, luego a mis hermanos René, Javier e Irma que es la mayor; por último baja mi mamá y el chofer del camión pregunta si ya estamos todos abajo, se le responde que sí y el camión se arranca. En ese momento mi mamá pregunta por Elvia la que no se ve por ningún lado; pero al pasar el camión, se ve a la pequeña Elvia tirada en el empedrado con la cabeza ensangrentada. Mi mamá corre a levantarla de inmediato; pero la niña ya no responde.

Resulta que la niña al ir atravesando la calle el camión arrancó golpeándole la cabeza con la defensa del camión y, al caer, la pequeña se descalabró perdiendo la vida instantáneamente.

Comentaba mi mamá que el ministerio público le decía que le cargara la mano al chofer del camión; sin embargo, mi mamá se negó reconociendo que la culpa era de ella por no haber puesto la atención debida a su niña.

Sea pues. Vale.

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