junio 21, 2024

Por Sergio Mejía Cano

Si bien se dice que no es ético escribir en primera persona en un artículo de opinión, en ocasiones es necesario para dar pie o enfoque a lo que se trata de expresar. Me preguntaron varios amigos, conocidos y familiares si había ido a ver a Marcelo Ebrard Casaubón en días recientes que vino a Tepic, Nayarit, respondí que no debido a que hoy en día la mayoría, si no es que todos los políticos son muy predecibles y que por lo regular no pueden dar más sorpresas.

Sin embargo, el excanciller Marcelo Ebrard sí dio una sorpresa bárbara recientemente en una conferencia que se publicó en redes sociales en donde se va con todo en contra de su contraparte Claudia Sheinbaum Pardo, en donde Marcelo dijo, entre otras muchas cosas que la exjefa de Gobierno de la Ciudad de México estaba recurriendo a acarreos y haciendo gastos con cargo al erario.

Se puede decir que como secretario de Relaciones Exteriores hizo un buen trabajo demostrando gran capacidad de diplomacia, ahora en su plan de pretender tomar las riendas de la Nación sustituyendo al presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ha dejado mucho que desear con su actuar, pues no se le ve que sea compatible con esa parte del pueblo que apoya a AMLO, no se le ve porte de ser parte del pueblo, sino más bien como ser parte de una élite social y política alejada de esta parte del pueblo.

Se entiende que no es que cambien las personas, sino que simple y sencillamente se desenmascaran, porque si Ebrard Casaubón hizo buena labor como canciller, esto se debió precisamente a su profesionalismo, lo que nadie se lo quita, asimismo su dejo de responsabilidad la que no se cuestiona. Pero ahora que se ha querido dar baños de pueblo no se le ven pies ni cabeza a que entienda en dónde está, se ve claramente que desconoce un mundo en el que jamás ha estado inmerso más que superficialmente y por necesidades políticas y nada más, pero que entienda o comprenda cómo viven y han vivido la mayoría de los mexicanos desde hace muchos años, esto es algo muy lejano, complicado y desconocido para él.

Desde luego que, de acuerdo con varios analistas, Marcelo Ebrard es, entre los aspirantes de la cuarta transformación, el político más preparado y con más tablas en lo que es la misma política y ocupar cargos de elección popular y ocupar cargos de servidor público; sin embargo, con su reciente actuar ha estado demostrando que, para ser presidente de la República Mexicana, como que si aún le falta algo más. Pues tal vez, precisamente por pertenecer a una clase política y social muy diferente a la mayoría de los mexicanos, ciertos sectores de las élites empresariales y políticas le estén viendo la posibilidad de que estarán más y bien protegidos por uno de los suyos. Porque no por nada esos analistas políticos están sopesando la idea de que Ebrard Casaubón sea el Manuel Ávila Camacho del Tata don Lázaro Cárdenas del Río, a quien tuvo que designar como su sucesor debido a la presión del entonces gringo que veía en el general Francisco J. Mújica, a un ente político aún más radical que al mismo Lázaro Cárdenas del Río.

Y si bien la administración pasada gringa, encabezada por Donald y la actual de Joe Biden han tolerado algunos dichos y hechos de AMLO, tal vez ya no estén dispuestos los gobiernos estadounidenses a que continúe como presidente de México ya sea una mujer o varón, que siga a pie juntillas la transformación emprendida por AMLO por no convenir así a sus intereses. Los gringos saben y están conscientes de que por el momento no pueden hacer mucho en contra del actual presidente mexicano porque saben y entienden que cuenta con un gran y fuerte apoyo popular, por lo que, en caso de atentar contra AMLO, podría desencadenar en algo que no le conviniera a los oligarcas mexicanos ni a los inversionistas gringos, por aquello de una desestabilización que tal vez acarrearía muchas pérdidas para ambos países; ya no se diga de vidas de por medio.

Volviendo a Marcelo Ebrard en cuanto a lo que despotricó en contra de su compañera Claudia Sheinbaum, a quien le cargó más la mano que a los demás aspirantes no da otra lectura más que la de que Marcelo ya siente pasos en la azotea y que por ardor atacó a quien se señala como muy adelante en las encuestas y que es, precisamente, la señora Sheinbaum Pardo; un ardor que solamente siente el que ya se quemó no por sus acciones, sino por sus palabras. Porque aventarse a criticar, señalar y acusar a una contrincante interna, no habla nada bien de Marcelo.

Sea pues. Vale.

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