abril 22, 2024

Por Sergio Mejía Cano

El día de ayer, por lo menos en dos portales locales de internet, realidadesperiodico.com y meridiano.mx, apareció una nota en donde el actual presidente de la Cámara Nacional de Comercio (CANACO), en Nayarit, maestro Carlos Delgado Camacho, en donde expone su queja y reclamo ante el aumento de los robos a casas y comercios en la capital nayarita. Notas firmadas por los reporteros Mildra Benítez Robledo y Oscar Gil, respectivamente.

Señala el maestro Delgado Camacho que “hay preocupación y malestar de comerciantes por robos en Tepic”. Dice el presidente de la CANACO que los robos no nada más se han incrementado en los establecimientos, sino también en casas habitación; y refiere que, la semana antepasada se sumaron a estos robos cuatro viviendas de empresarios, entre las que se encuentra la de él. Así que ya están afinando un encuentro con las autoridades municipales para tratar de frenar esta ola de robos.

Desde luego que esto de los robos a comercios y casas habitación no es nada nuevo en Tepic, pues desde hace tiempo se dio una ola de robos a comercios en pleno Centro Histórico, pues se informó en su momento que, por ejemplo, por la calle Amado Nervo, así como en la calle Durango, habían amanecido varios comercios con sus candados violados y con mercancía sustraída; ¡en pleno Centro Histórico! Y, desde luego, también habían saqueado las ratas de dos patas algunos domicilios también céntricos.

Así que, si esto sucede en pleno centro de la ciudad, pues que se puede esperar en casas habitación y comercios de la periferia de la ciudad en donde, por cierto, el patrullaje de vigilancia brilla muchas de las veces por su ausencia.

Se entiende que es imposible que haya una patrulla o policías en cada cuadra de la ciudad; sin embargo, si se llegaran a efectuar patrullajes constantes esto desinhibiría a los ladrones. Aunque se han dado casos de robos a plena luz del día, según lo que se comenta y se ha publicado, pero por lo regular los amantes de lo ajeno aprovechan las horas de la noche y la madrugada para cometer sus actos para robar cosas que muchas de las veces a mucha de la gente que roban les ha costado mucho trabajo tener y adquirir.

Se supone que estos empresarios que fueron víctimas de los ladrones de sus domicilios cuentan o tienen un poder adquisitivo un poco más elevado que la mayoría de los habitantes de las colonias populares de la periferia de la ciudad y, que por lo mismo, pueden tener más aseguradas y protegidas las puertas y ventanas de sus casas que otros ciudadanos que es posible que atranquen sus puertas con un madero o que la chapa sea más endeble y poco segura que otras, y que sus ventanas tengan nada más una cobija haciéndola de cortina; pero se entiende que para un ladrón que se precie de serlo, casi no hay obstáculos que le impidan ingresar malamente s un domicilio.

Una de las peculiaridades que caracteriza a muchos ladrones se da en las casas habitación de las colonias populares, pues por lo regular escogen las casas más jodidas, los que ofrecen a la vista menos seguridad para poder introducirse a robar, así que a quien perjudican es a gente de más escasos recursos; aunque eso sí, hay que reconocer que la mayoría de las veces no lesionan a los moradores de los domicilios que roban, afortunadamente; pero existe la posibilidad de que sí podría haber víctimas ya sea lesionadas o hasta fatales en caso de que las ratas de dos patas sean descubiertas, pues hay que tomar en cuenta que, por lo regular, los ladrones van dispuestos a todo con tal de no ser detenidos y encarcelados.

Me comenta un jubilado del ferrocarril que en donde vive es un lugar cercano a las vías del ferrocarril, y que su domicilio colinda a espaldas con otra casa habitación que está pegada prácticamente a las vías férreas. Que una noche en que ya estaba dormido alguien se introdujo a su casa por la puerta de la entrada, pues es una chapa cuyo seguro es nada más como la de las puertas de las habitaciones, por lo que tal vez por esto, no le fue muy difícil al o los ladrones abrir la puerta sin forzar la cerradura.

Afirma este jubilado que por tener el sueño muy pesado no oyó nada, sino hasta cuando se levantó vio que su teléfono móvil ya no estaba en donde lo había dejando cargando su batería; que fue lo único que le robaron por no tener nada más de valor a la vista; la puerta sin seguro que estaba seguro de haberlo puesto antes de acostarse. Hoy está solo por haber enviudado y sus hijos trabajando fuera, por la pandemia.

Sea pues. Vale.

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