abril 22, 2024

Por Sergio Mejía Cano

Este 12 de octubre de 2023 se cumplieron 531 años del supuesto descubrimiento del continente hoy denominado América; supuesto descubrimiento, porque con investigaciones posteriores se llegó a la conclusión que muchos años antes ya habían llegado a este continente asiáticos (chinos) y noruegos, suecos y daneses (vikingos), unos por el océano Pacífico y los otros por el Atlántico, respectivamente.

Pero aquellos primeros que llegaron, igual se fueron, así que oficialmente, quienes llegaron para quedarse fueron otros europeos, unos al norte y otros al sur de este continente. Obviamente que se quedaron en afán de aventura, conquista y posible enriquecimiento al comenzar a descubrir las riquezas que dichos europeos encontraron aquí.

Y si bien, tal y como dijo algún analista que aquellos europeos y los ahora mexicanos no son los mismos de aquellos aciagos días para las naciones autóctonas de la hoy denominada como Mesoamérica, aún perduran muchas de las sumisiones a las que fueron obligados los antiguos habitantes acostumbrados a convivir con la Naturaleza, algunas, con conocimientos astronómicos muy profundos, pues conocían bastante bien los ciclos para la siembras y cosechas, la posición de los astros y otras muchas cosas más que en sí, maravillaron en cierta forma a los recién llegados del continente europeo, tal y como lo señala Bernal Díaz del Castillo en su escrito de “La vera historia de la conquista”, en donde describe lo maravillosa que era la antigua Tenochtitlan con sus canales navegables y sus edificaciones; maravillado a tal grado Díaz del Castillo que escribió a esta Nación de Mesoamérica como más grande que muchas de las ciudades de la península ibérica.

Pero, como hay gente para todo, todavía hay muchos mexicanos que siguen sometidos a las costumbres y creencias traídas de allende la Mar océano; costumbres y creencias que promueven como absolutas, únicas y verdaderas, despreciando la religiosidad de los pueblos autóctonos tachándolas de idolatrías herejes, incongruentes para el pensamiento humano y, por desgracia, hay mexicanos que hasta se burlan de las antiguas costumbres y creencias de aquellas grandes naciones que los ibéricos sometieron, esclavizaron y masacraron, obligándolos a aceptas su oscurantismo.

Si bien en Europa ya había grandes pensadores, filósofos e inventores, la mayoría, si no es que todos los que llegaron a América eran puros aventureros, muchos de ellos ignorantes en toda la extensión de la palabra, con enfermedades hasta ese entonces desconocidas en Mesoamérica, sifilíticos, tuberculosos, virulentos, otros con escorbuto originado por la larga travesía de Europa a América, no acostumbrados a un aseo personal diario; se ha documentado que muchos de los marinos ibéricos y de otras nacionalidades europeas y africanas, habían sido sacados de las cárceles y manicomios debido a que gente más congruente no quería aventurarse a la Mar, a lo desconocido; pero aventureros, locos y enfermos de muchas cosas se aventaron a ver qué salía y más, cuando se corrió la voz de que en las nuevas tierras descubiertas abundaba el oro y piedras preciosas.

Para el sentido común de muchos mexicanos y más para las naciones originales, de las que aún quedan muchas de ellas, en sí no hay nada que celebrar en esta fecha, y menos para llamarlo el día de la raza, tal vez de la raza de bronce tal y como ahora se nos dice a los mexicanos; aunque entre estos todavía hay quienes, al referirse a la ahora España, se refieren a ella como “la madre patria”. ¿Madre patria de quién? Que lo diga un español avecindado en México, está bien; pero que lo diga un mexicano, aunque sea mestizo, pues como que no va, a menos que se sienta orgulloso de ser descendiente de aquellos aventureros zafios, locos y sifilíticos, con una revoltura de sangre de muchos lados, pues en aquel entonces en el siglo XV, eran más comunes las invasiones de un pueblo a otro, por lo que los que llegaron a América por primera vez y muchos de los que llegaron posteriormente, su sangre ya no era pura para nada.

Como la historia la escriben los vencedores, aún hay escuelas que hacen festejar este día 12 de octubre como un gran acontecimiento haciéndolos entonar loas como un a que recuerdo que más o menos decía: “Si la reina Isabel, ricas joyas, a su empresa solícita dio, al valiente y osado marino, que este fue, Cristóbal Colón…”.

Pero, así como hay una historia por los vencedores, también está “La visión de los vencidos”, de Miguel León Portilla.

Sea pues. Vale.

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