abril 18, 2024

Por Sergio Mejía Cano

Me llamó la atención un comentario bajo un video referente a una de las tantas iglesias que existen a lo largo y ancho del mundo. Dicho video versaba en que el pastor o ministro de determinado culto religioso hacía un ademán con sus brazos y los feligreses cerraban los ojos y como que si a la mayoría les dieran cierto tipo de convulsiones, ya que unos comenzaban a moverse en forma frenética, otros se tiraban al piso moviéndose en forma serpenteante, y otros más aleteaban con sus brazos como tratando de volar.

El comentario del usuario de las redes sociales hacía el señalamiento respecto a qué curioso que el ademán del ministro de culto le había hecho efecto a la feligresía, pero para nada a los camarógrafos y personal aparentemente de seguridad que al parecer están al pendiente de que a quienes había afectado el ademán del pastor religioso no se lastimaran, ya que si alguno de los feligreses que estaban moviéndose de pie daba la impresión de que caería al piso, ahí los de seguridad evitaban que azotara sin control en el suelo depositándolo suavemente. Por lo que el comentario del usuario añadía que si acaso tanto camarógrafos como personal de seguridad habrían tomado algún antídoto para que el ademán del ministro de la iglesia no les hiciera efecto a ellos también.

Algo parecido pasa cada vez que se anuncia una epidemia, como en el 2008 aquí en México en que al parecer casi desaparece nuestro país debido a la influenza H1N1, pero que “gracias a la acción” tomada por el gobierno del entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa, se pudo evitar una catástrofe, porque al parecer debido a esta acción del gobierno federal de la noche a la mañana desapareció la emergencia posiblemente porque mucha gente se cubrió la boca con un trapo, así como no asistir a lugares públicos como cines, estadios, teatros, etcétera.

Entonces que así, al igual que cuando un ministro de culto hace una seña y los feligreses caen en trance excepto camarógrafos y personal de seguridad y menos aún el propio pastor eclesiástico, en ese mismo tenor en aquellos años de la administración de Calderón Hinojosa la influenza H1N1 nada más pasó a perjudicar a ciertos sectores de la población, pero a nadie de la administración federal y claro que mucho menos al mismo presidente de ese entonces.

Ahora cada día se está alarmando posiblemente de más a gran parte de la población con la probable llegada del mentado coronavirus, pues un día sí y otro también se ha estado informando sobre posibles enfermos infectados por coronavirus; que ahora hay sospechas de uno acá, otro allá y otro más acullá y así por el estilo. Bien podría una persona presentar un malestar de las vías respiratorias y esto ser aprovechado para considerar que podría ser coronavirus y no una simple gripe o catarro tan comunes ya no nada más en temporadas invernales, sino prácticamente casi todo el año.

En China hay más de 1,300 millones de habitantes, así que en proporción con esa cantidad de habitantes, ¿cuántos fallecidos podría haber por día? Obvio que los óbitos pudieran no ser únicamente por coronavirus, sino por las tres causas principales de muerte según lo dicho por Eduardo del Río (Rius): por vejez, accidente o por intoxicación; y entre estos tres tipos de muerte que son los más comunes, sobresalen las muertes por intoxicación que son las más proclives y más por la enorme cantidad de química artificial que hemos estado consumiendo los humanos gracias a la comida procesada industrialmente, a frutas y verduras de invernadero a las que se obligan a dar frutos fuera de temporada, por lo que los nutrientes naturales no aparecen en estas frutas y verduras por haberlas hecho florecer artificialmente.

No lo deseo, pero ojalá y si Donald Trump saliera infectado por coronavirus, entonces sí sería para alarmarse, porque no deja de ser extraño que cuando aparece algún tipo de enfermedad, los únicos o más afectados siempre y por lo regular son los ciudadanos de a pie y casi siempre los de más escasos recursos económicos.

No deja de llamar la atención el hecho de que constantemente se afirma que el coronavirus es muy contagioso, pero no letal. Entonces, ¿por qué se habla de tantos muertos? ¿Acaso las autoridades sanitarias saben algo que no le han informado a la opinión pública? Y no deja de ser más raro aún que se le atribuya a China la paternidad del mal cuando este país ha estado repuntando comercialmente más que nunca; y ahora con este problema su comercio ha caído estrepitosamente.

Sea pues. Vale.

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