abril 22, 2024

“El diálogo no impone,

no manipula, no doméstica,

no esloganiza”

Paulo Freire

Por Dr. Pedro Gonzáles Castro

y Dr. Rutilo Tomás Rea Becerra

Para Freire, en un dialogo, la palabra es algo más que un medio. Es un proceso que se da entre acción y reflexión, el cual no siempre es equilibrado. En ocasiones se encuentra distanciado de la praxis, de su dimensión activa, transformándole en mero verbalismo, privado de reflexión. Por el contrario, cuando se enfatiza la acción dejando de lado la reflexión, caemos en un activismo, en un hacer por hacer que a la postre desactiva el dialogo.

Es necesario tener en cuenta que los hombres no se hacen en silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión. Sin embargo, la palabra debe tener un significante para el sujeto, debe de construirla en contraste con su realidad, en su inmediatez y no al margen; debe generar una real diferencia entre el conocer y saber. No debe quedarse en la percepción inmediata, interpretativa, sino que debe permitírsele indagar, cuestionar, criticar para poder transformar.

Es imperioso criticar todo lo existente, sin contemplaciones, pero sin caer tampoco en una polémica infructuosa tendiente a imposiciones. Ser críticos nos da el poder de hacer, de crear, de transformar nuestra realidad a través de un ambiente solidario, de empoderamiento, alejando al sujeto de las representaciones victimizantes.

El sujeto, al construir su empoderamiento, a través del desarrollo de sus capacidades individuales desde lo colectivo, va creando el andamiaje de una nueva sociedad, nacida del seno de una convergencia de fuerzas políticas diversas, nutriéndose desde la transversalidad formativa y permitiéndole apropiarse de los saberes, de manera tal que le sea dado el entender y apropiarse de su realidad para adaptarla desde una perspectiva dialogilizada.

Hasta aquí, nuestro soliloquio aparenta coherencia ideal, como si la trama de nuestro discurso tuviera una consecución lineal y las respuestas a las necesidades de las personas aparecieran espontáneamente y sus problemas cotidianos se resolvieran con solo cerrar los ojos al oír a un tercero en su incesante narración, de tintes metodológicos, basados en una propuesta académica; nada más alejado de nuestra percepción de la realidad.   

A últimas fechas, mucho se ha hablado de la necesidad de una “alfabetización” política. El sistema neoliberal, enraizado en las entrañas de nuestra cotidianidad, ha logrado que nos mantengamos ajenos a las necesidades del otro, que solo veamos por nuestro bienestar individual, al costo que sea necesario. Y, ante ello, es obvio que se deben realizar acciones tanto para reconstruir el deteriorado tejido social, como para lograr el empoderamiento.

Desafortunadamente, si bien es cierto que existe una planeación estructural, se carece de una táctica que, desde lo coyuntural, inicie el proceso de transformación Se sigue partiendo de alineaciones centralistas que, en su afán de dar respuestas a través del discurso, se olvida de que las masas requieren respuestas que se reflejen en su inmediatez.

Indudablemente, ello requiere de la participación de todos, pero es importante evitar la mediatización oportunista y el oportunismo insultante. Se debe iniciar en la inmediatez problemática que ahoga a las comunidades, es con ellas y a través de ellas que se dan los cambios estructurales y no al margen de ellas.

Aquellos que se jactan poseedores de las formulas mágicas y que parten de procesos centralistas para “alfabetizar” políticamente a las comunidades, perdidos en rebuscadas metodologías, se olvidan que, de entrada, cada integrante de la comunidad es un ente político, que habla y entiende de política, que construye su percepción política a través del diálogo permanente.

Su miopía les insta a imponer su propia forma de ver las cosas, desde su visión de “paternidad”, generada al cobijo que brinda la comodidad de un bunker de guerra. Desde su mal entendida autoridad moral o intelectual, que muchas veces raya en un oportunismo insultante, presumen de un trabajo sostenido solo con datos cuantitativos, dejando de lado la calidad y la calidez de la labor de acompañamiento en la planeación y estructuración de un trabajo que empiece a resolver los problemas reales de cada comunidad: servicios de seguridad, de transporte, de salud, recreación.

Desde luego que todo ello es parte de un proceso de transformación y como tal debe ir avanzando en etapas. El quehacer que nos corresponde es entender cada proceso en términos coyunturales y, desde un proceso dialógico cada colectivo deberá priorizar cuales son las necesidades a resolver y bajo que estrategia se le dará solución.

1 comentario en «DIALOGICIDAD Y FORMACIÓN POLÍTICA»

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