abril 22, 2024

Por Sergio Mejía Cano

Ahora sí que parodiando al señor Rubén Aguilar Valenzuela, vocero de Vicente Fox Quesada cuando era presidente y cuyo trabajo era salir al quite, ya en el último tramo del mandato de Fox Quesada, a decir a los medios lo que el presidente había querido decir. Así que entrando en esa clase de berenjenales podría decir un servidor de lo que tal vez el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) quiso decir al mostrar unas estampitas que según él le ha dado el pueblo, y que por lo mismo ha sido muy cuestionado debido al Estado Laico que nos rige y que por esto, un presidente mexicano no debe hacer referencia a ninguna Iglesia en particular.

Lo que pudo haber hecho AMLO, tal vez fue un mensaje subliminal con el debido sarcasmo dando a entender que ya solamente nos falta atenernos a la Divinidad de nuestra preferencia porque ya no hay de otra respecto al coronavirus; pero también, es una señal muy clara para hacerle saber a la gente que conserva lo que le dan en sus visitas a lo largo y ancho del país y que no echa a la basura todo lo que le dan, por lo que da ciertas esperanzas a todos aquellos que le han entregado en mano documentos acusatorios en contra de obras que perjudican el medio ambiente o problemas laborales y sindicales. Así que si guarda unas estampitas, podría existir la posibilidad de que sí le haya dado curso a lo que le entrega la gente a su paso por las poblaciones y comunidades por las que pasa en sus visitas.

Esto de mostrar las estampitas religiosas ante los medios en la conferencia matutina, me hizo recordar una tira de Mafalda, del humorista y escritor argentino Joaquín Salvador Lavado “Quino”, en donde el papá de Mafalda está preocupado porque una plaga le pegó a sus flores y plantas, y al verlo tan cabizbajo, Miguelito, le pregunta que qué le ocurre a su papá, a lo que Mafalda le responde que está preocupado porque ya recurrió a todos los remedios habidos y por haber y nada le ha dado resultado, pero que ya llegó a la última instancia que al parecer sí le dará resultado, y tomando de la mano a su amigo Miguelito, Mafalda lo conduce hasta un altar dentro de la sala de su casa en donde está una estatua de un santo.

Así que posiblemente el mensaje subliminal que lanzó AMLO fue para la gente creyente, porque aunque sea difícil de entender para algunas personas, hay gente que está plenamente convencida en sus deidades para contrarrestar este supuesto mal que agobia principalmente a la mente de muchas personas; porque si hay algo mal en esto del también llamado covid-19, es la sugestión y dejarse llevar por los rumores de que ya nos cargó el payaso; y más, por todas las medidas que han tomado muchos gobernantes de varias entidades del país en que hasta han cerrado parques y jardines e incluso hasta algunas playas.

Y es obvio que la sugestión es bárbara para mucha gente, pues sin investigar más allá se deja ir a las primeras de cambio y se cree a pie juntillas todo lo que le dicen; y he aquí lo malo que podrían ser en cierto sentido tantas informaciones referentes al coronavirus que en vez de ayudar están perjudicando debido a que aunque parezca increíble, hay gente que se cree todo lo malo y no piensa en que mucha de la información que lee, ve o le dicen, podría ser más falsa que un billete de tres pesos. Pero en fin, cada quien es libre de pensar lo que quiera; sin embargo, si AMLO no aceptó que le pusieran gel antibacterial y no usa cubre-bocas y en su cercanía con la gente la abraza y saluda de mano, pues es porque es optimista y por lo mismo quizás no hace caso a las recomendaciones del subsecretario de Salud Hugo López Gatell, cuando anuncia a nivel nacional que no hay que dar la mano, que se mantenga una distancia mínima por lo menos de metro y medio; y a pesar de todo esto, ante las cámaras en la conferencia matutina, AMLO le pasa el brazo por encima del hombro al médico López Gatell.

A principios de 1970 fue que oí hablar de la hipocondría, porque había un vecino que al ver o saber de los síntomas de cualquiera enfermedad, de inmediato le decía a su familia que él padecía de esa enfermedad, por lo que amigos y conocidos continuamente lo vacilaban por esto diciéndole síntomas cotidianos hasta de una gripe y ya iba al médico este vecino. Y lo malo es que hasta cuando pasaba un pregonero anunciando las “perlas” mágicas de hígado de tiburón y anunciaba que si uno había amanecido con la boca con “sabor a centavo” o con poca lucidez, etcétera, este vecino salía ya se sentía mal.

Sea pues. Vale.

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