mayo 20, 2024

“Hay una diferencia

entre estar interesado

y estar comprometido”

Kenneth Blanchard

Por Dr. Pedro Gonzáles Castro

y Dr. Rutilo Tomás Rea Becerra

La aparición de la pandemia Covid-19 se da en un ambiente poco halagüeño. Varios países cursaban escenarios que les afectaban interna y externamente: crisis económicas, degradación ambiental, golpes de estado, migraciones forzadas, tráfico, reconfiguraciones políticas y económicas, etc.

Para muchos países, el brote del virus trastocó sus perspectivas económicas, lastró sustantivamente el crecimiento económico, hizo retroceder al sector industrial y propicio el recorte de la demanda interna, afecto el turismo, cadenas de suministros, del mercado y, entre otros efectos, impactó alarmantemente la precaria economía de la población más vulnerable.

Muchas interpretaciones se han dado alrededor de la pandemia. Para una parte sustantiva de la población ha representado la falta de oportunidad para obtener el “sustento diario”, para otros se presenta como la ocasión de lucrar con la necesidad y, por supuesto, no pueden faltar aquellos que, con el mayor de los cinismos, han encontrado la “excusa perfecta” tratar de recuperar los privilegios obtenidos a base de corrupción.

Según afirma Ana Karen García[1], de acuerdo a la OCDE, que por cierto integra las economías más ricas del mundo, la prioridad debe ser la salud de los habitantes y la protección de su estabilidad social y económica, elevar los recursos destinados al sector salud y a quienes se desempañan en él. De igual manera hace énfasis en la conservación de los empleos (proteger los ingresos de la población) e incentivar la producción. Así como Implementar los programas fiscales especiales, tanto para empresas y la población. Además de incrementar la liquidez a fin de que el sector bancario ayude al sector empresarial.

De todas las recomendaciones propuestas por la OCDE, el gobierno de México ha sido puntal en su seguimiento, así como a las señaladas por la OMS en términos de salud[2] [3]. Por supuesto que ello ha generado incomodidad a quienes estaban acostumbrados a recibir privilegios en sexenios anteriores y que, sintiéndose poseedores de los recursos estratégicos, gozaban de una situación privilegiada. Por lo que, desde luego, no han querido renunciar a sus canonjías y buscan cualquier pretexto para desestabilizar al país y reducir la credibilidad del actual presidente.

Sabemos muy bien que a los “opinadores”, políticos corruptos y funcionarios acostumbrados a los negocios sucios, poco les importa el pueblo. Rehúyen a la responsabilidad social. Ellos solo quieren manipular la opinión pública para regresar a sus actividades ilícitas y retornar el poder perdido. Lo mismo cuestionan las medidas sanitarias, que inversiones en educación o en infraestructura; los neo-filósofos clásicos, nacidos de la vena metafísica del siglo XVII se creen eruditos en todos los campos, pero están lejos de ello. 

Tal pareciera que han operativizado a un nivel más amplio el experimento psicológico de “Asah” mediante el cual, a través de los “mass media”, pretenden obligar  a los sujetos a que ajuste su opinión a la de un “grupo” creado para tal fin, pretendiendo que nos ajustemos a lo que dice el “grupo”, incluso si no creemos en ello. ¡Vaya desfachatez!

Cierto es que los efectos en derredor de la pandemia han trastrocado intereses a nivel internacional y, ello, ha dado lugar a un ruido mediático que distrae a la sociedad de lo importante: las medidas de protección. Al respecto, la OMS se ha declarado: Esta infodemia está obstaculizando las medidas de contención del brote, propagando pánico y confusión de forma innecesaria y generando división en un momento en el que necesitamos ser solidarios y colaborar para salvar vidas y para poner fin a esta crisis sanitaria”[4]. 

Los efectos del coronavirus, como fenómeno social, han marcado una interesante polarización: los que solo ven por sus intereses económicos y han forzando una decantación de la riqueza a favor de los monopolios y banqueros. Y, aquellos que son los generadores de la riqueza, a quienes se les han recortado sus derechos y libertades.

A nivel internacional, la OCDE pide la implementación del Plan Marshall para afrontar la crisis[5], una medida muy “a modo” para unos pocos puedan seguir conservando su poder económico. A nivel nacional, los grupos de derecha, que careciendo de un proyecto alternativo, se agrupan motivados por un enfoque racista y clasista. Por último, a nivel local los grupos en el poder  han enfocado en adaptar sus estrategias conforme se vayan generando los acontecimientos, una especie de “laissez faire, lassez passer”.

Ante este panorama, nos atrevemos a asegurar que los reagrupamientos en gestación representan una coyuntura viable para la construcción de una infraestructura social, en donde el análisis y socialización las estrategias viables, permitirán contrarrestar los andamiajes oportunistas. ¡Sigamos adelante, que la actitud consciente ante el deber social se convierta en una norma de conducta cotidiana de todas las personas!

[1] https://www.eleconomista.com.mx/economia/Cuando-se-estabilizaba-la-economia-llego-el-coronavirus-Covid-19-OCDE-20200322-0005.html

[2] https://www.excelsior.com.mx/nacional/destaca-la-oms-acciones-en-mexico-reconoce-plan-gubernamental/1371952

[3] https://www.elfinanciero.com.mx/salud/van-en-el-camino-correcto-dice-la-oms-sobre-estrategia-de-mexico-contra-coronavirus

[4] https://www.who.int/es/news-room/commentaries/detail/coronavirus-infodemic

[5] https://elpais.com/economia/2020-03-21/la-ocde-pide-un-plan-marshall-para-afrontar-la-crisis-del-coronavirus.html

1 comentario en «LA POLISEMIA FORZADA DE UNA PANDEMIA»

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