abril 18, 2024

Por José Manuel Sánchez Bermúdez

Parece que se está poniendo de moda que los titulares de los gobiernos estatales regañen a sus gobernados. Ejemplar en este sentido resulta un video, que ha circulado profusamente en las redes sociales, en el que un personaje, presuntamente el gobernador de Campeche, los trata de “imprudentes y pendejos”. Aunque en realidad se trata de un periodista, y no del gobernador, la atribución resultó creíble porque ilustra el ambiente: las autoridades se ven obligadas a regañar, incluso a castigar, para que la gente entienda.

Ciertamente, el comportamiento de algunos sectores de la sociedad ha dejado que desear y, en algunos casos ha llegado a extremos aberrantes, como insultar e incluso agredir físicamente a doctores y enfermeras que están haciendo un gran esfuerzo para salvar vidas, arriesgando la suya. Así que tal vez algunos merecemos que nos regañen.

Sin embargo, creo que es legítimo esperar algo más de los gobernantes. Don Lázaro Cárdenas explicó en repetidas ocasiones que “sólo el Estado tiene una visión de conjunto sobre los problemas del país y, por lo tanto, tiene la responsabilidad de ofrecer soluciones de fondo e integrales a esos problemas”.

En la lógica neoliberal, los culpables de todos los problemas son siempre los individuos, los particulares, los simples ciudadanos. Nunca tienen culpa alguna ni los gobiernos ni, menos aún, las grandes corporaciones que controlan prácticamente todas las actividades productivas y mercantiles, especialmente las que dañan severamente el medio ambiente y nuestra salud. Por ejemplo, ningún gobernante de este mundo “globalizado”, a pesar de que están obligados a tener una “visión de conjunto”, ha explicado de dónde salió el covid-19, aunque investigadores independientes, que hacen esfuerzos por descubrir lo que algunos gobiernos y algunas mega-corporaciones quieren ocultar, han señalado que las formas de producción empresarial y a gran escala de pollos y cerdos y los laboratorios de investigación genética para producir armas y/o defenderse de guerras bacteriológicas, son fuentes constantes de producción de nuevas cepas de virus y de riesgos para la población.

En el 2009, casualmente también empatada (como ahora el covid-19) con otra gran crisis económica, apareció (también “de la nada”, según la “explicación” oficial) un nuevo virus, hasta entonces desconocido, el de la influenza A (H1N1). A esto hay que  agregar que enfermedades que creíamos ya desaparecidas están reapareciendo (como el polio, la tuberculosis, la viruela, la malaria, la tosferina, el sarampión, la difteria, etc.) y que ahora nos aterramos cada vez que vemos un mosquito (que antes simplemente eran “molestosos”, cómo me explicó en una ocasión una simpática enfermera) porque no sabemos si es portador de dengue, chikungunya, zika, o de alguna novísima enfermedad, surgida de “la nada”, nada más porque los mosquitos nos odian, y que bien puede acabar con nuestra vida.

Así pues, creo que no queda más remedio que pensar que nuestros gobernantes, además de regañarnos (a veces con justa razón), deben hacer algo más, mucho más. Ciertamente hay que tener presente las limitaciones que enfrentan los gobiernos municipales, estatales e incluso el gobierno federal, para enfrentar los problemas nacionales en este mundo sometido a la lógica de los monopolios globales. Pero el problema mayor es que algunos parecen convencidos de que su tarea se reduce a flotar sobre las dificultades (agravándolas) mientras preparan el brinco al puesto siguiente y otros piensan que son parte de “la élite de los dueños del mundo” o, si no de la élite como tal, al menos de sus consentidillos, así que juegan abierta o embozadamente con los intereses de los que han destrozado nuestro país. Pero, a pesar de todo su entusiasmo neoliberal (puesto al servicio de “los amos del mundo”, al tiempo que se esfuerzan por sacar todo el provecho inmediato que pueden) la verdad es que no todos son Salinas, Calderón o Peña, su “rol” de gobernantes es transitorio, están bajo amenaza y son prescindibles casi tanto como cualquiera de sus gobernados, esos que hoy regañan con tanto entusiasmo.

En el 2018, la sociedad votó por un cambio, es decir, votó contra el neoliberalismo y contra la inserción subordinada de México en la llamada “globalización”. Corrupción, criminalidad, pobreza y toda la larga cadena de crisis que estamos padeciendo no son problemas aislados, indiferentes e independientes unos de otros. Ciertamente el grueso de la llamada “clase política” es producto y, a la vez, productora de esta situación. No parece razonable esperar nada bueno de ellos. Pero, si realmente el 2018 abrió una fisura y constituyó una especie de “clase política por el cambio”, ésta tendrá que recordar la primera lección que aprende cualquier estudiante de ciencia política de primer año: los cambios sociales significativos (económicos, políticos, culturales) –cuando afectan intereses poderosos– sólo son posibles con fuerza política (es decir, sociedad organizada, participativa, unificada en torno a un proyecto político sólido) capaz de vencer la inevitable resistencia.

Ciertamente una masa de votantes puede ser suficiente para ganar una elección, pero no para producir cambios relevantes. Las accidentada trayectoria de los “gobiernos progresistas” en Sudamérica, muestra con toda claridad que disponer del “aparato de gobierno” (o de algunos segmentos) no es suficiente y que “los amos del mundo”, junto con su dócil servidumbre local, reaccionan airada y violentamente ante cualquier iniciativa que afecte, aunque sea suavemente, sus intereses. Así que, mientras “el segmento tradicional de la clase política” regaña a sus gobernados y los culpa de los males del país, “el segmento por el cambio” debiera promover organización y unificación social, particularmente desde sus espacios partidarios.

Y también creo que los gobernados, además de encerrarnos aterrados y regañados, debemos hacer algo más, mucho más. Tal vez sería buena idea hacer un esfuerzo por entender cada vez mejor el mundo en el que vivimos –informarnos, reflexionar, dialogar, organizarnos, unificarnos- independientemente de la “clase política”, como sociedad que se organiza para defenderse mejor de las amenazas que, día a día y cada vez peor, ponen en riesgo nuestra vida y nuestro bienestar. Por lo pronto ya está en el horizonte lo que sigue: los efectos de la gran crisis económica que, por ahora, está velada gracias a esta oportuna pandemia.

Video del gobernador de Campeche…

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2 comentarios en «CIUDADANOS REGAÑADOS: NUEVA MODA, NO TAN NUEVA.»

  1. Estoy de acuerdo contigo, convenientemente llega la amenaza cuando la situación económica es muy problemática

    Seria mejor entender mejor lo que pasa a nivel global y no estar aterrorizados por la pandemia

  2. No está mal el mensaje. El mensaje. Cada quien se pone el traje a su medida…lo que te choca te Checa.
    Creo que hay mucha gente que necesita que le abran la cabezota para reprogramar su conciencia. Es muy molesto ver a un sin número de gentes sin cubre boca y sin cuidar la sana distancia.
    ¿Te haz puesto a pensar en todos esos trabajadores de la salud, obligados a trabajar porque para ello estudiaron, para cuidar nuestra salud? Esos trabajadores llegan a su casa y con temor descansan los momentos que les permiten. Andan en el campo de batalla, con los virus y demás agentes patógenos. No saben si están llevando la muerte a su casa.
    Y, muchas personas sin cooperar para que este mal desaparezca, haya una vacuna o medicamentos para curarlo. Necesitamos que este mal no sea mayor. Los equipos de deportes pueden esperar también. Pero el maldito dinero. Y, el jornalero…

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