abril 22, 2024

Por Sergio Mejía Cano

Este pasado lunes, apareció la noticia de que varias personas se habían intoxicado al beber alcohol industrial en los municipios de Tamazula de Gordiano y Mazamitla, en el estado de Jalisco. La nota informaba de seis personas muertas y un número indeterminado de afectados, pero este miércoles se informa de que ya van 21 fallecidos y 56 personas en mal estado de salud, 29 en observación y que ya se habían dado de alta por lo menos otras seis personas.

Obviamente que es una tragedia bárbara, por lo que las autoridades se abocaron de inmediato a la investigación para saber el origen de dónde salió ese alcohol, determinando que fue surtido en el estado de Michoacán para su distribución en los municipios antes señalados. Asimismo aparte de decomisar las latas con ese alcohol, también se recogieron y los mismos dueños de las tiendas entregaron en forma voluntaria botellas de rompope y ponche casero que se fabrican en esos lugares como parte de su tradición y como un servicio al turismo.

Desde luego que pudo haber sido un error la distribución de alcohol metílico en lugar de etílico; sin embargo, la duda está en que cómo una distribuidora de alcohol de 96 grados pudo haber revuelto alcohol industrial o revolverlo al envasarlo, por lo que las autoridades tendrán un buen trabajo en caso de irse al fondo de este asunto; y ojalá y no se determine que haya sido a propósito la revoltura, aunque esto último es poco probable, pero quién sabe lo que habrá ocurrido en realidad.

A los adoradores del Dios Baco no nos extraña que mucha gente consuma alcohol de 96 grados, y no precisamente a falta de cerveza u otra clase de bebidas alcohólicas, no, sino obviamente con ponche o rompope, así como cuando se antoja un “torito prieto”, es decir, café con piquete o con té de canela sobre todo en tiempos de frio o hasta como remedio, ya que muchas abuelitas en el siglo pasado e incluso algunas mamás nos daban a los niños media tableta de ácido acetilsalicílico y después un té de canela con un chorrito de alcohol que coadyuvaba para sudar copiosamente y así echar fuera un posible resfriado, igual, frotarlo en las piernas por algún tipo de reúma o algo así. Y ahora las autoridades que están investigando cómo se intoxicaron las personas que fallecieron y que algunas están afectadas, dijeron que es tan tóxico el alcohol industrial o metanol que hasta untado puede generar problemas en el organismo humano.

Y a propósito de temporadas de frio, recuerdo que una noche vieja para recibir el año nuevo, allá a principios de la década de los años 60 del siglo pasado, en la colonia Morelos en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, sucedió una tragedia al morir varias personas y otras más quedar ciegas, sobre todo entre indigentes y borrachitos consuetudinarios pertenecientes a las bandas del botecito, también conocidas como escuadrones de la muerte, al beber alcohol industrial que habían adquirido en la tienda de siempre, una tienda de abarrotes de mayoreo y menudeo que estaba o está por la calle Cardenal en la colonia Morelos, del entonces Sector Juárez, al sur de Guadalajara, Jalisco. Obviamente entre los afectados también hubo familias que habían preparado ponche o rompope para recibir el año nuevo con ese alcohol vendido por una tienda de mucha confianza entre los consumidores.

Había un señor al que llamábamos don Panchito que traía un carrito de paletas y que diariamente se estacionaba en una esquina afuera de una tortillería y por donde pasábamos mis hermanos y yo, así como otros niños del barrio cuando íbamos a la escuela o los fines de semana que nos mandaban a las tortillas. Era un señor bajito,  güero de nariz roja y que siempre tenía su botellita a un lado del carrito de paletas, pues fue uno de los fallecidos esa triste noche. Otro señor al que en el barrio le decían “el cuervo”, que hablaba solo y caminaba por las calles de la colonia para después sentarse bajo un árbol y ponerse a beber su alcohol, muy pacífico de carácter y por eso los padres de familia no le tenían temor de que agrediera a alguien, pues también murió esa noche. Mi papá comentó que los de la banda del botecito que se juntaban a un lado del patio de maniobras del ferrocarril, a un costado de una aceitera y una galletera muy conocidas, también se envenenaron y de ahí los recogió la ambulancia.

Cuando se investigó a la tienda surtidora, demostraron que había sido una entrega como tantas otras y por el mismo distribuidor.

Sea pues. Vale.

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