En Morena, de la greña: la oposición se solaza
Sumario: Sin liderazgo local ni atención nacional, Morena se descompone en Nayarit
Por Manuel Rueda
En Nayarit, Morena no enfrenta hoy a la oposición: se enfrenta a sí mismo. Y lo hace sin árbitro, sin reglas y con golpes bajos. La ausencia de una dirigencia local con autoridad y el desinterés —real o fingido— de la dirigencia nacional han convertido al partido guinda en un ring donde cada grupo pelea por su cuenta, mientras el proyecto político se desangra.
Morena se desangra por dentro ante la mirada pasiva de sus dirigencias
No es tiempo electoral oficial, pero ya se juega como si lo fuera. El respaldo evidente del gobierno del estado a una de las aspirantes rompió cualquier simulación de equilibrios internos y desató una guerra que nadie quiso —o supo— contener. Morena en Nayarit anda de la greña porque nadie manda y porque a algunos les conviene que así sea.
La dirigencia local simplemente no existe. No aparece para ordenar, no aparece para conciliar y, mucho menos, para fijar límites. Y desde la Ciudad de México, el silencio es igual de elocuente: o no saben lo que pasa en Nayarit o no les importa. Ambas opciones son graves.
La oposición no crece, pero sí disfruta el desgaste guinda
Ese vacío lo está capitalizando la oposición tradicional —PRI, PAN y Movimiento Ciudadano— que, sin hacer gran cosa, observa con calma cómo Morena se desgasta solo. Pero el absurdo se completa cuando el Partido Verde, cobijado en la alianza Morena-PVEM-PT, actúa como si ya hubiera ganado todo, aun cuando su aspirante está lejos, muy lejos, de los punteros reales.
La factura política ya empezó a cobrarse en las encuestas
Mientras los morenistas se atacan entre sí, se exhiben, se filtran golpes y se lanzan acusaciones, la oposición no necesita crecer: le basta con esperar. Esperar a que el ciudadano común —ese que alguna vez creyó en el discurso de regeneración— termine por cansarse y mirar a Morena con desconfianza. Esa desconfianza ya empezó a reflejarse en las encuestas.
Aquí no hay ingenuidad. Hay quienes llegaron a Morena desde proyectos políticos abiertamente contrarios a su ideología y hoy parecen cumplir su verdadera misión: dividir, desgastar y contaminar. Si a eso se suma la sospecha de que esta guerra interna se alimenta con recursos públicos, el daño es doble. Si alguien cree que este desorden beneficia a Morena, se equivoca.
La división anticipa un escenario cuesta arriba rumbo a 2027
El desgaste no está en quienes hoy encabezan las preferencias ni en los perfiles que han dado resultados; el desgaste está en la falta de conducción política y en la permisividad frente a una guerra interna innecesaria. Morena en Nayarit aún tiene figuras competitivas y con respaldo ciudadano, pero ese capital no es infinito. Si las dirigencias no ponen orden, no será por falta de liderazgos, sino por exceso de omisiones.
Lo preocupante no es que Morena tenga punteros claros rumbo al 2027; lo verdaderamente alarmante es que nadie esté cuidando el proceso ni el proyecto. Geraldine Ponce y Pável Jarero no son el problema: son, hoy por hoy, parte de la fortaleza del movimiento en Nayarit. El problema es permitir que la grilla interna, alentada desde la sombra oficial, erosione lo que todavía funciona. Si no se corrige el rumbo, el daño no será a los nombres, sino al partido.
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