La princesa progre
Por Larissa Calderón
Blancanieves es un cuento de hadas alemán que recopilaron Jacob y Wilhelm Grimm en su libro “Cuentos de la infancia y del hogar” (1812). Hace 213 años Blancanieves vio la tinta junto a sus, no menos populares y controversiales compañeras reales: “Cenicienta”, “Bella Durmiente” y “Rapunzel”.
Aunque los hermanos Grimm pretendían con estas y otras historias recopiladas en su obra, que en los niños y niñas despertaran y crecieran sus primeros pensamientos y anhelos, hoy en día nos han dado un buen número de interpretaciones y malentendidos.
En 1937 Walt Disney presentó la película “Blanca Nieves y los siete enanos” con una innovadora animación y banda sonora excepcional que le mereció un Oscar honorífico. Pero, sobre todo, el inicio de un nicho mercadológico e ideológico llamado “Las princesas Disney”.
Cada una tiene lo suyo y es digna de análisis, pero ninguna más progre que Blanca Nieves. Pertenece a la clase alta, y sin embargo no tiene las mismas ideas autoritarias y egocéntricas de su madrastra, la reina viuda. Blanca nieves es animalista, quiere y respeta a los animales, incluso los trata como a seres humanos, sobre todo a sus pajarhijos. Y aunque su vida es cómoda en el palacio, se vuelve una runaway al enterarse de las malas intenciones de su madrastra, quien manda a matarla.
Pasa un mal momento al saberse vulnerable y sola en el bosque, pero como es una chica resiliente supera el momento con ánimo porque no sabía lo fuerte que era, hasta que ser fuerte fue su única opción.
No podemos negar sus ideales románticos, pero se las arregla sola en bosque y como es una persona inclusiva y sin prejuicios hace un buen grupo de amigos con siete hombres de estatura baja que se dedican a la minería. También es una chica que le gusta compartir un estilo de vida saludable, así que transforma la vida y el hogar de sus amigos.
Sin embargo, la ambición de su madrastra por destruirla no disminuye, al contrario, se incrementa al saberla viva y lejos de su control. En “El mito de la Reyna Bruja” de Adán Echeverría, se reflexiona sobre la verdadera motivación de la madrastra, que va más allá de la vanidad de no ser la más hermosa, sino de la envidia a su juventud, su ánimo y su fuerza vital que son ese combo que procura la belleza, además del recelo a su espíritu libre sin las cadenas de la soberbia que la reina tiene que cargar. Entonces, decide acabar con Blanca Nieves con sus propias manos.

Nuestra princesa, como las demás, obedece a estereotipos fascistas e inalcanzables de belleza, feminidad y estatus; pero de los cuales no parece darse cuenta, no tiene conciencia de clase y seguramente cree que una puede cambiar cualquier situación si le echa ganitas.
Por las características de Blanca Nieves es fácilmente engañada con un disfraz de anciana vulnerable que usa la reina para envenenarla. En ese momento entran en acción el grupo de hombres de estatura baja, que no solo son trabajadores, con personalidad propia y solidarios, sino valerosos, ya que son quienes enfrentan a la reina y logran derrotarla.
El príncipe llega al final como premio a la jovencita que, aunque para ser progre, tiene ideas algo conservadoras, forma un perfecto hogar burgués con él.
Así nos quedamos con la versión de 1937, porque la nueva Blanca Nieves (Disney, 2025) que mezcla la animación por computadora y actuaciones reales para evolucionar a su primera princesa, hacerla más progre que nunca; dándole un artificial sentido de igualdad y justicia social. Todo esto opacado por la conversación en redes sobre una protagonista (Rachel Zegler, EEUU, 3 de mayo 2001) que no cumple los cánones de belleza establecidos hace más de 200 años por los hermanos Grimm y quién, además, no se ha quedado callada ante los ataques. Véala bajo su propio riesgo.

Larissa.calderon