Salma Hayek: la mexicana que se reconstruyó en Hollywood y vuelve a opinar sin pedir permiso
No puedes soñar con convertirte en un personaje;
debes forjarte uno a martillazos».
Henry David Thoreau.
Sumario: Desde sus inicios en Hollywood hasta la consolidación con Frida, la trayectoria de Salma Hayek es presentada como ejemplo de disciplina, resistencia y construcción personal. En medio de críticas por su postura política, esta opinión reivindica su derecho a alzar la voz desde una carrera forjada a contracorriente.
Luis Alberto Bravo Mora
Salma Hayek, la mexicana que se reconstruyó en Hollywood
En tiempos donde la opinión pública se desborda con rapidez y la crítica se dispara sin medir trayectorias, resulta inevitable detenerse frente a la figura de Salma Hayek. Hoy, algunos cuestionan su respaldo a la presidenta Claudia Sheinbaum, como si su voz no tuviera derecho a pronunciarse. Pero lo cierto es que a Salma no se le puede reprochar nada: su historia es la de una mujer que se levantó desde abajo en tierras extranjeras, que abandonó la comodidad de la televisión mexicana y el privilegio de su tierra para lanzarse a la jungla de Los Ángeles, donde no era nadie.
Su primer papel en Mi vida loca (1993) apenas la dejaba rozar la pantalla, actuando en español y casi como extra. Desde ahí, se enfrentó al estereotipo de la “latina” una y otra vez, tragándose papeles que la encasillaban, mientras aprendía inglés, un idioma que parecía no dársele, tomaba clases de inglés, de actuación y sobrevivía con disciplina feroz. Robert Rodríguez fue el primero en proyectarla a otro nivel, una escena acordada entre ambos la convirtió en la imagen que en esos momentos ella necesitaba, pero Salma nunca dejó de mirar hacia México, empujaba proyectos, los acompañaba y participaba, en lo que en aquellos años de los 90´s se conocía como “el nuevo cine mexicano”: El callejón de los milagros, es un ejemplo de ello, esta película mostró a una actriz distinta, pulida por la experiencia en Hollywood, lista para reclamar un lugar propio. Y le dio la confianza para aferrase a un nuevo proyecto; y así llegó…
La batalla por Frida
Su gran salto llegó con Frida. No fue un regalo: peleó el proyecto contra Madonna y Jennifer López, apostó por Julie Taymor como directora, quien venia de ganar el Tony en el teatro y dirigir “Tito Andrónico” en el cine y con ella levantó un equipo multinacional que convirtió la película en un fenómeno. Seis nominaciones al Oscar y dos estatuillas en 2002 marcaron un antes y un después. Desde entonces, Salma dejó de ser tratada como “la latina de reparto” y se convirtió en productora, empresaria y creadora de sus propios caminos.
Más allá del cine
Su vida personal también se consolidó: formó una familia, sostuvo un matrimonio estable y se diversificó en televisión y producción. Salma Hayek no es una estrella efímera; es una mujer que se reconstruyó en un medio que suele devorar a quienes no encajan en sus moldes.
El regreso y la crítica fácil
Hoy regresa a México y algunos se atreven a cuestionarla. En un país habituado al odio del éxito ajeno. Hablan quienes no saben lo que significa abandonar el país sin soltarlo del corazón, partirse la madre veinticuatro horas diarias para sostener un sueño y, al final, regresar con la frente en alto. Salma Hayek no pide permiso para opinar: se lo ha ganado con décadas de trabajo, con sudor y con talento.
Y probablemente tiene razón cuando dice “Quizás lo que antes no teníamos era esta presidenta” pero también quizás lo que hoy sí tenemos es la certeza de que una mexicana puede reconstruirse en Hollywood y volver a su tierra con la autoridad de quien nunca la soltó.
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