abril 20, 2026
burocracia

Por Gaby Alvarado

Hace aproximadamente 16 años que concluí mis estudios de posgrado en una institución del estado de Jalisco, una escuela de mucho prestigio en la que por requisito para titularse los estudiantes tenían que entregar su certificado de estudios, aparte de haber cumplido por supuesto, con la conclusión de la tesis avalada por los asesores de las distintas líneas académicas.

Recuerdo perfectamente cuando presenté mi solicitud de titulación, cumplí con todos los requisitos excepto que no presenté el certificado de estudios, cabe aclarar que no se entregó porque a pesar de haber terminado el curso satisfactoriamente no se me había entregado el documento.

Pasaron los meses y el centro educativo sin  alguna explicación clara no entregaba ese requisito administrativo que ellos mismos me exigían tener, y así pasaron tres años mismos que no dejé de insistir por lo que tuve que viajar varias veces a Guadalajara y  a  Puerto Vallarta en donde se encontraba la sede, escribí a la dirección general,  hice denuncias y quejas, en ese mismo tiempo me recuerdo que otra estudiante,  por cierto muy destacada, de una generación anterior a la mía estaba atorada en ese mismo trámite administrativo, sin embargo,  por motivos personales ella no insistió, y así, después de que los harté,  por decirlo de alguna forma,  a los tres años, con miles de trabajos,  pude  titularme. Yo lo logré, pero mi compañera, no. Y así, ejemplos como este sobran en nuestro estado y en general en nuestro país, pareciera que la burocracia está tan bien organizada para buscar de todas las formas posibles de obstaculizar cualquier proceso administrativo por simple que este parezca. Todos lo hemos sufrido en múltiples ocasiones,  ir  a nuestra máxima casa de estudios, se solicita un documento, y por simple que eso parezca,  representa una serie de procesos tan complejos como el tan solo encontrar a una secretaria que esté encargada del área y que además,  quiera y pueda hacer el documento,  porque resulta que puede estar alguien,  pero ese alguien quizá, no tenga ganas de hacerlo; o, sí lo quiere hacer, pero no sabe cómo; o, tal vez, sí esté   pero en ese momento está desayunando y no puede; o,  sí puede, pero posiblemente,  salió a realizar algún pago y no sabe nadie si regrese ese día y a qué hora; o,  es que sí está,  sí sabe hacer el documento, sí puede,  pero No lo quiere hacer. 

Y así, existen miles de motivos por los cuales somos víctimas de la burocracia. Pero mi artículo no tiene la intencionalidad de exponer quejas desde una versión y visión, sino más bien de autoreflexión.  ¿Cuántas veces hemos sido nosotros el obstáculo, el que pretexta algo para no desempeñar sus funciones desde cualquier ramo? Si se es maestro,  médico, funcionario, secretaria,  administrativo, empleado o servidor público?, desde cualquier trinchera, ¿Cuántas veces nos quejarnos del mal servicio del ISSSTE, del IMSS, o de las diferentes dependencias pero quizá fui ese administrativo que no quiso entregar a tiempo un documento que le urgía al hijo del médico que ahora mismo no lo puede atender porque es su hora de desayuno, y esa misma acción que ese trabajador hace en su centro de trabajo lo pone rabioso cuando se es víctima de esas extrañas maneras de omitir nuestra caraja responsabilidad como trabajadores; resulta que somos víctimas de nosotros mismos,  de esos horrorosos hábitos de llegar tarde,  de incumplir con los horarios,  de echar a otros la bolita de las tareas que hay que realizar en una dependencia,   de organizar las actividades para brindar un mejor servicio en las dependencias o empleos en los que se labora para que podamos funcionar como sociedad.

Sin embargo, sucede que como transeúntes de esta vida sólo nos fijamos en la necesidad que tiene el peatón de cruzar la calle cuando se anda a pie, pero se olvida ese mismo derecho, cuando se va al mando del volante.  Y mientras no nos pongamos en el lugar del otro será muy difícil ser empático, ser servicial, eficiente y eficaz al brindar nuestro servicio a la comunidad desde nuestros centros de trabajo.   Y con esto me lleva a recordar que hay muchas personas a quienes admiro y reconozco su espíritu de atención como de servicio,  de quienes hay mucho que aprender para eficientar nuestro trabajo,  de esa secretaria que no atendió con amabilidad y atención; de ese médico que no sólo recetó diazepam y salió; de ese maestro que nos tiene paciencia y nos guía, nos enseña; convertirnos en ese maestro,  ese médico,  esa secretaria,  ese servidor público que atiende pensando que esa atención sería la misma que deseamos tener para nosotros mismos.  Hay demasiadas cosas que es posible hacer sólo cuando se tiene voluntad, cuando se posee el sentido del servicio, cuando ponemos a disposición nuestros saberes, conocimientos y voluntades al servicio de los demás. Tratar a los demás como desearías ser tratado y respetado tú mismo.

Yo soy Gaby Alvarado y agradezco siempre me leas y me sigas en mis redes sociales.  ¡HASTA LA PRÓXIMA!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Verificado por MonsterInsights