LA BÚSQUEDA DEL QUIJOTE CON MIGUEL DE UNAMUNO
Pidamos todos, tomar a bien lo que
Por mal nos dieren, y habremos pedido
Cuanto hay que pedir.
Miguel de Unamuno
Por Efraín Moreno Arciniega
Todos debemos enfrentar este 2025 como El Quijote del que nos habla Miguel de Unamuno:
Miguel de Unamuno escribió un ensayo sobre esta obra de Cervantes que es extraordinario, debemos leerlo.
Lo intitula “Vida de Don Quijote y Sancho”.
Hace una glosa de cada capítulo del Quijote que es bellísima por la forma en que él interpreta cada dicho y cada aventura del Caballero de la Triste Figura; en donde viene al caso un capítulo para este saludo del inicio del año 2025; en donde establece:
No darse nunca por vencido ante ninguna situación.
Tener fe y confianza en lo que uno es, como una fortaleza para salvar situaciones difíciles que se presenten.
Fortalecer nuestra autoestima; a través de conocernos más con nuestras virtudes y limitaciones.
En el Cap. IV del primer libro del Quijote, que analiza Unamuno, Cervantes nos habla del retorno de éste a su casa, siguiendo el consejo del ventero que lo había nombrado y armado Caballero, con la finalidad de proveerse de cosas que todo Caballero debería tener y además de conseguirse un Escudero; y en donde a nuestro héroe le acontecen dos aventuras:
La del joven que estaba siendo azotado por su amo; un rico de nombre Juan Haldudo que le reclamaba al muchacho estar perdiendo ovejas por descuido; asunto que el Quijote vio como una injusticia del amo y resolvió que éste debería de pagarle al joven sesenta y tres reales de salario, a riesgo de no hacerlo, volver Don Quijote y castigar a Haldudo de acuerdo a las reglas establecidas por la Caballería; resolución que como sabemos, Juan Haldudo no cumplió; y que por el contrario, en cuanto el Quijote marchó, éste le volvió a dar otra golpiza al joven, peor que la primera.
Sin embargo, es en la segunda aventura la que más tiene que ver con lo que aquí queremos tratar; y que tiene que ver con el encuentro que el Quijote tuvo con unos mercaderes toledanos.
En dicho encuentro El Quijote les exigió confesar que:
No hay en el mundo todo, doncella más hermosa que la Emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso.
Cuestión a la que se negaron los mercaderes si antes El Quijote nos les mostrara al menos una imagen de la misma.
Ante esta respuesta El Quijote se molesta; porque, en opinión de Miguel de Unamuno, con dicha petición:
El Quijote no se dispone a pelear por favorecer a menesterosos, ni por enderezar entuertos, ni por reparar injusticia; sino por la conquista del reino espiritual de la fe.
Quería hacer confesar a aquellos hombres, cuyos corazones amonedados sólo veían el reino material de las riquezas, que hay un reino espiritual; y redimirlos así, a pesar de ellos mismos.
Los mercaderes regateaban la confesión, disculpándose por no conocer a Dulcinea.
A lo que El Quijote exclama:
Si os la mostrara ¿qué hiciérades vosotros en confesar una verdad tan notoria?
La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender
Expresión que lleva a decir a Miguel de Unamuno:
¡Admirable caballero de la fe!
¡Y cuán hondo su sentido de ésta!
Los mercaderes siguieron en su postura, y supusieron a la sin par Dulcinea,
Tuerta de un ojo, y que del otro le mana Bermellón y piedra azufre
A lo que respondió Don Quijote encendido en cólera:
No le mana eso que decís, sino ámbar y algalia entre algodones, y no es tuerta ni corcovada, sino más derecha que un huso de Guadarrama.
Y para hacerles pagar y cara, tan gran blasfemia, arremetió Don Quijote con la lanza baja contra el que lo había dicho,
Con tanta furia y enojo, que si la buena suerte no hiciera que en la mitad del camino tropezara y cayera Rocinante la pasara mal el atrevido mercader.
Y he aquí una hermosa reflexión que nos hace al respecto Miguel de Unamuno:
Ya está en suelo Don Quijote, gustando con sus costillas la dureza de la tierra; es, su primer caída.
Cayó Rocinante, y fue rodando su amo una buena pieza por el campo, y queriéndose levantar jamás pudo: tal embarazo le causaban la lanza, adarga, espuelas y celada con el peso de las antiguas armas.
Ya diste en tierra, mi señor Don Quijote, por fiar en tu propia fortaleza y en la fortaleza de aquel rocín a cuyo instinto fiabas tu camino.
Ya diste en tierra, mi pobre hidalgo, y en ella tus armas antes te sirven de embarazo que de ayuda.
Más no te importe, pues tu triunfo fue el de osar y no el de cobrar suceso.
La que llaman victoria los mercaderes, era indigna de ti.
Tu grandeza estribó en no reconocer nunca tu vencimiento
Sabiduría del corazón y no ciencia de la cabeza es la de saber ser derrotado y usar de la derrota.
Y desde el suelo, tendido en él y pugnando por levantarte, aún los denostabas llamándolos gente cobarde, gente cautiva y haciéndoles ver que no por su culpa, sino por la de su caballo, estabas allí tendido.
Esta lección del Quijote, en donde ni caído jamás se dio, es, en mi opinión, la que debemos seguir todos este 2025.
Hay que luchar siempre contra nuestras adversidades.
No darse por vencido nunca.
Tener siempre presente este año que inicia, aquellos versos del Quijote que nos dicen:
Amorosas porfías
Tal vez
Alcanzan imposibles cosas,
Y ansí, aunque con las mías
Sigo de amor las más dificultosas,
No por eso recelo de no alcanzar
Desde la tierra el cielo.
También tenga consigo este año el hermoso epígrafe de este artículo del mismo Miguel de Unamuno:
Pidamos Todos,
Tomar a bien lo que por mal nos dieren,
Y habremos pedido
Cuanto hay que pedir
¡De verdad les digo: un feliz 2025 para Todos!
