La humildad también construye liderazgo
Por Manuel Rueda
En tiempos donde la política suele medirse en desplantes, pleitos o estrategias prematuras rumbo a la sucesión, vale la pena detenernos en gestos poco comunes: la humildad y el respeto.
Geraldine Ponce, presidenta municipal de Tepic, acumula una amplia ventaja en las encuestas de cara al proceso electoral de 2027. Los datos la colocan como puntera en las preferencias ciudadanas rumbo al gobierno estatal. Y sin embargo, lejos de asumir posturas triunfalistas o deslindarse del presente, su reacción ha sido clara: aún hay un gobernador en funciones, y ella, al igual que él, tiene un mandato que cumplir hasta 2027.
Su discurso, aunque espontáneo y sencillo, deja entrever una convicción que pocas veces se escucha: el respaldo popular es resultado de trabajo, no de marketing. Ponce alude a su reelección como un “contrato renovado” por parte de la ciudadanía, y subraya que no se trata de su figura aislada, sino de un equipo que ha dado resultados concretos.
No hay promesas huecas ni especulaciones sobre el futuro. Hay trabajo, constancia y una comprensión precisa de que aún falta camino por recorrer. Si las encuestas la favorecen, es porque la población reconoce la eficacia de una administración que ha cumplido sus compromisos. Pero Geraldine no se distrae: sabe que los números no gobiernan. Gobierna el esfuerzo diario, el contacto con la gente y la responsabilidad institucional.
El mensaje es sutil pero poderoso. La presidencia municipal no es una plataforma de campaña, sino un cargo en funciones. La lealtad institucional no es sumisión, sino entendimiento de los tiempos. La política, cuando se ejerce con madurez, puede ser también un acto de humildad.
