abril 30, 2026

¿Está México listo para regular la inteligencia artificial?

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Sumario: La inteligencia artificial avanza a un ritmo que rebasa a gobiernos y legisladores. Mientras Estados Unidos impulsa su desarrollo sin restricciones y Europa apuesta por una regulación basada en riesgos, México enfrenta el reto de definir su propia estrategia: cómo proteger derechos sin frenar la innovación.

Por Sandra Delgado

Un debate global que alcanzó a México

La inteligencia artificial (IA) dejó de ser un concepto futurista. Hoy crea textos, imágenes y sonidos en segundos, toma decisiones logísticas y médicas, automatiza procesos y transforma industrias enteras. Su avance, impulsado desde 2022 por modelos generativos, abrió un debate internacional sobre sus riesgos éticos y su potencial económico.

Por primera vez, en febrero de 2025 expertos de todo el mundo se reunieron para discutir bases científicas, soluciones y posibles marcos regulatorios que hagan sostenible el desarrollo de la IA. En ese escenario global se inserta México, todavía sin una estrategia clara pero frente a un momento decisivo.

Para Pedro Salazar Ugarte, académico del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, es necesario reconocer que la IA no nació hoy: “Desde mediados del siglo XX existe el sueño de que las máquinas razonen como humanos. Lo nuevo es la velocidad y la potencia que han alcanzado”.

Lo que hacen otros: EU, Europa y China

Estados Unidos continúa siendo el principal desarrollador de IA en el mundo, con una política de cero regulación que privilegia la innovación y la competencia global. En contraste, Europa construyó un marco legal centrado en los derechos humanos, la privacidad y la evaluación de riesgos, un modelo que podría inspirar a otros países.

China, por su parte, avanza casi al mismo ritmo que EU, pero con una regulación estricta y geopolítica: cada desarrollo tecnológico está orientado al largo plazo y al fortalecimiento interno, con la meta de convertirse en potencia líder para 2030.

Frente a estos tres modelos, Salazar plantea la pregunta clave:
¿Qué puede regular México si en realidad es un país usuario y no desarrollador de IA?

México: entre el rezago y la oportunidad

Aunque desde 2020 han surgido iniciativas legislativas en el Congreso, ninguna ha prosperado. México sigue en una fase inicial de discusión, sin una ley general ni una política nacional definida.

“Estamos en un punto clave”, advierte Salazar. “Si no actuamos pronto podríamos enfrentar problemas graves en el futuro”.

El panorama se vuelve más complejo ante la renegociación del T-MEC. Cualquier intento de México por regular al estilo europeo podría chocar con la lógica estadounidense, donde la supervisión de IA es mínima.

¿Qué regular y para qué?

Para el académico, antes de redactar leyes es indispensable responder dos preguntas básicas:

  1. ¿Por qué queremos regular la inteligencia artificial?
  2. ¿Qué queremos normar de ella?

Regular de manera excesiva podría frenar la inversión tecnológica, pero no hacerlo abriría las puertas a abusos, discriminación algorítmica y opacidad. El reto es equilibrar innovación y protección.

Salazar propone tres pilares esenciales:

  • Ética y transparencia: algoritmos explicables, auditables y libres de sesgos.
  • Protección de datos: garantizar el cuidado de la información personal utilizada por la IA.
  • Supervisión y responsabilidad: mecanismos de control que prevengan abusos y definan quién responde por las decisiones automatizadas.

También sugiere evitar una ley rígida y general, pues la tecnología avanza más rápido que cualquier norma. En su lugar, recomienda regular por ámbitos temáticos, con principios flexibles que permitan actualizar las reglas sin rehacer todo el marco legal.

Una tecnología con beneficios… y riesgos explosivos

La inteligencia artificial ya es parte del día a día en México. Se usa para diagnósticos médicos, automatización industrial, control de tránsito, educación personalizada y procesos financieros. Pero su implementación también acarrea riesgos.

Entre los más urgentes están:

  • Violación a la privacidad.
  • Discriminación algorítmica.
  • Falta de transparencia en decisiones automáticas.
  • Vulneración de derechos mediante tecnologías como el reconocimiento facial.
  • Incremento de brechas económicas entre quienes tienen acceso a IA y quienes no.

“La IA puede mejorar la vida, pero también generar desigualdades si no se regula”, afirma Salazar.

Además advierte que fenómenos como noticias falsas, fraudes digitales y vulneración de seguridad serán cada vez más sofisticados. Por ello, en lugar de prohibir, lo sensato es encauzar la tecnología como aliada.

El reto del futuro inmediato

México se encuentra ante una decisión histórica: definir si quiere una IA sin restricciones, un modelo basado en derechos humanos o una alternativa híbrida que considere su contexto industrial, político y social.

Salazar imagina un escenario optimista:
“Que México genere sus propias tecnologías y que, en diez años, tengamos una generación capaz de aprovechar innovaciones nacionales con impacto científico, económico y social”.

La discusión está abierta. Lo que el Congreso de la Unión decida en los próximos meses podría determinar el rumbo tecnológico del país para las próximas décadas.

🎙 COMENTARIO EDITORIAL

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