marzo 16, 2026

Juntas contra el acoso: mujeres que se reapropian del espacio público en México

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Por Ilse Valencia

Sumario

En México, casi la mitad de las mujeres ha sufrido violencia en espacios comunitarios. A través del arte, la memoria colectiva y la organización feminista, creadoras como Patricia Balderas y la artista Cerrucha impulsan nuevas formas de resistencia frente al acoso callejero y la normalización del miedo.

Un problema enorme, pero ya no invisible

Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021, casi la mitad de las mexicanas mayores de 15 años ha enfrentado algún tipo de violencia en espacios comunitarios. Detrás de esta cifra hay trayectorias personales marcadas por silencios, miedos normalizados y aprendizajes forzosos.

Una de estas historias es la de Patricia Balderas, cineasta egresada de la UNAM, quien transformó sus vivencias en el documental Ahora que estamos juntas. Su proceso comenzó cuando, en un taller de reflexión colectiva, recordó que a los ocho años sufrió su primera agresión en la calle. Hasta ese momento no había reconocido el acoso como violencia: era simplemente parte de la rutina.

El arte como espejo y herramienta

En ese espacio conoció a Cerrucha, artista visual y activista que ha dedicado su obra a cuestionar la violencia de género. Para ella, nombrar las violencias es la primera forma de resistencia: “Es imprescindible entenderlas, acompañarnos y construir herramientas colectivas”.

La violencia callejera abarca desde comentarios lascivos y miradas insistentes hasta persecuciones, tocamientos no consensuados o agresiones sexuales. La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia la reconoce como un abuso de poder que vulnera derechos humanos, aunque su tipificación varía entre estados.

De acuerdo con la ENDIREH 2021, entre quienes han sufrido violencia comunitaria, 42% fue sexual, 20.7% psicológica y 9.6% física, cifras mayores a las registradas en 2016. Para la profesora Andrea Arabella Ramírez Montes de Oca, este aumento también se explica porque hoy más mujeres identifican y nombran las agresiones, un avance impulsado por los movimientos feministas.

Resistencias que nacen del cuerpo

En 2015, Patricia y Cerrucha coincidieron en un taller sobre apropiación del espacio público. Junto a otras compañeras formaron la Red 2R, desde donde elaboraron estrategias prácticas para enfrentar el acoso callejero.

Entre las 10 respuestas efectivas planteadas están mirar al agresor para romper la dinámica de poder, pedir apoyo, nombrar en voz alta lo que ocurre, intervenir si otra mujer está siendo acosada o caminar con el cuerpo erguido sin renunciar al disfrute del espacio público.

Estas acciones también se plasmaron en postales fotográficas, donde mujeres aparecen con frases tatuadas sobre la piel: “Salgo sola de día y de noche”, “si te defiendes, nos defiendes a todas”. La intención es reapropiar los imaginarios del espacio público y mostrar cuerpos diversos, fuertes y presentes.

Otra pieza de Cerrucha, Trinchera, intervino en 2020 un tren completo de la Línea 1 del Metro de la Ciudad de México con imágenes de mujeres tomadas del brazo. Es un gesto político y colectivo que, desde el arte, reclama los espacios negados.

Lo que falta desde las instituciones

A pesar de los avances, la respuesta institucional sigue siendo insuficiente. Para Andrea Ramírez, las medidas como separar vagones del Metro son paliativos que no modifican la raíz del problema. Hace falta educación pública con perspectiva de género, diagnósticos reales y políticas evaluables.

También se requiere capacitar a servidores públicos para evitar revictimización y enviar un mensaje claro de cero tolerancia. El acoso no puede seguir tratándose como un “mal menor”: es una violación a derechos humanos que limita el movimiento, la autonomía y la seguridad de las mujeres.

Calles que también pertenecen a las mujeres

La violencia callejera condiciona la vida cotidiana: rutas, ropa, horarios, compañía. Pero también ha generado poderosos procesos de resistencia. Cuando las mujeres se encuentran, comparten experiencias y nombran lo vivido, la calle deja de ser únicamente un espacio hostil y empieza a transformarse.

Patricia, Cerrucha y la Red 2R demuestran que frente al miedo también hay comunidad, organización y arte. Que las mujeres están reclamando las calles no solo para transitarlas, sino para disfrutarlas. Para habitarlas como espacios propios.

🎙 COMENTARIO EDITORIAL

 

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