A 34 años de las explosiones de 1992: una herida que sigue abierta
Sumario: Sergio Mejía Cano reflexiona sobre las explosiones de 1992 en Guadalajara, un episodio que, a más de tres décadas, continúa envuelto en dudas, versiones encontradas y una memoria que se niega a cerrarse.
Memoria de una tragedia que no termina
Por Sergio Mejía Cano
Este 22 de abril se conmemora el 34 aniversario de los fatídicos acontecimientos acaecidos en 1992 debido a fuertes explosiones en algunas zonas del entonces sector Reforma, sobre todo varias cuadras de la calle Gante que fue la zona más dañada precisamente entre la calzada del Ejército y la calzada Independencia y otros daños menores se dieron por la calzada González Gallo, dentro del mismo sector de la ciudad.
De la versión inicial a la explicación oficial
En un principio se atribuyó la explosión a una fábrica de aceites localizada por la González Gallo; sin embargo, después de varios estudios, oficialmente se determinó que todo se debió a escapes y escurrimientos de gasolina de las instalaciones de una planta de Petróleos Mexicanos (Pemex) que estaba por la avenida 18 de Marzo en las inmediaciones de la colonia, la Nogalera.
Dudas que nunca se disiparon
Esta versión oficial no satisfizo a mucha gente porque despertó más dudas y sospechas que convicciones, ya que de inmediato se alzaron voces respecto a que la gasolina prende, genera incendios; pero en las ruinas que quedaron después de las explosiones no se encontraron vestigios de algún tipo de incendio o quemaduras entre las víctimas, aunque también hubo voces que la explosión la generaron los gases que desprende la gasolina y no el líquido que la conforma. Sin embargo, esas voces que no aceptaron la versión oficial, señalaban que, con cualquier chispa que se haya producido, en caso de haber gasolina en estado líquido de algún modo hubiera causado incendios; pero no fue así.
Otras hipótesis: diésel, drenaje y acumulación de gases
Después de un corto tiempo, también se llegó a decir que, en los talleres de locomotoras del ferrocarril cuyas en aquel entonces estaban en la confluencia de la calzada Circunvalación, Agustín Yáñez y la avenida, Enrique Díaz de León debido a que se descubrió que también ahí en esas instalaciones ferroviarias se pudieron haber derramado varios litros de diésel, ya que ahí era en donde se proveían a las locomotoras de ese combustible y, aunque se llegó a decir que dichas instalaciones de los talleres de las máquinas del ferrocarril estaban muy alejadas de la zona de las explosiones, de acuerdo a como está diseñada la ciudad, al haber convertido el antiguo río San Juan de Dios, que nacía precisamente en donde ahora es el parque, Agua Azul, en el mayor colector de la ciudad la mayoría de los drenajes, si no es que todos, descargan precisamente en este colector que corre bajo la calzada Independencia que, a su vez, vierte toda su carga en la barranca de Huentitán hacia el río Santiago, en donde cae toda la inmundicia, aguas tóxicas, negras y todo lo que le llega de la zona conurbada de la zona metropolitana tapatía.
Infraestructura urbana y riesgos invisibles
En aquel tiempo se estaba construyendo la línea 2 del tren ligero que corre subterráneamente bajo las avenidas, Javier Mina, ya en el sector Libertad y la continuación que es la avenida, Juárez, ya en el sector del mismo sector Juárez. El túnel por donde corre esta línea 2 tenía que pasar por debajo del colector mayor de la calzada Independencia; sin embargo, como también se hizo un paso vehicular a la par de la del tren ligero, según se llegó a documentar que se tuvo que hacer una especie de sifón por donde corren los líquidos del colector de la calzada Independencia, por lo que en cierta forma se tuvo que bloquear el paso de las descargas del colector mientras se hacía este sifón que, por su forma parecida a una “S”, para que el colector mayor pasara en esa parte por debajo de los túneles tanto vehicular como del tren ligero, se comenzaron a acumular todos los desperdicios que transportaba el dicho colector de sur a norte, sobre todo, materia fecal la que, se dice, contiene una gran cantidad de gas metano el que, según se ha documentado, en grandes cantidades es altamente explosivo.
Entre teorías y sospechas
Aunque también surgieron, como suele suceder casi siempre, teorías conspirativas que afirmaban que estas explosiones se dieron con un propósito: destruir toda la zona comercial que conforman las calles Gigantes, Álvaro Obregón, avenida, Javier Mina y, obviamente, el mercado Libertad, más conocido como de San Juan de Dios, para construir ahí otros centros comerciales aunados a la Plaza Tapatía. Sin embargo, estas voces malévolas llegaron a decir que les falló el cálculo, porque la explosión principal, la de la calle Gante, estuvo a unas siete cuadras al sur de esa zona altamente comercial.
Un antecedente que ya advertía riesgos
Esta explosión no fue la primera, porque hubo otra en marzo de 1983 por la calle, Sierra Morena, la que se atribuyó precisamente al drenaje, aunque de menores proporciones.
Sea pues. Vale.
En Tu Revista Perfiles, respetamos absolutamente la voz del autor.
🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

