ATRÁS DE LA CRUZ, ESTÁ EL DIABLO
“Nadie educa a nadie, nadie se educa
a sí mismo, las personas se educan
entre sí con la mediación del mundo”
Paulo Freire
Por Dr. Pedro Gonzáles Castro y
Dr. Rutilo Tomás Rea Becerra
Cuando se escuchó por primera: “la cuarta transformación”, muchos no creían que fuera
posible que ocurriera (y aún, no se la creen). Quizá tenían la idea de que era una marca de moda, un movimiento rockero, un mal chiste, una nueva franquicia, etc. Se imaginaban de todo, menos que era el inicio un terremoto económico-sociocultural.
La oligarquía tenía “un mundo a modo” y ensimismada en su soberbia desdeño la posibilidad de que las reglas cambiarían. Había construido su universo de posverdad con el objetivo de modelar la opinión pública a través de una manipulación deliberada de las creencias y emociones para influir en las actitudes sociales. Sin embargo, olvidan que todo cambia, que nada es perene y en su seno se gestan contradicciones imposibles de eludir.
Indudablemente, la posverdad ha corrompido la integridad intelectual, ha dañado el tejido democrático y, al ensancharse la brecha de la desigualdad social, ha generado un gran resentimiento económico. Sin embargo, ello ha permitido que se agudicen las contradicciones, tanto antagónicas como no antagónicas; la lucha es inevitable.
De esta ultimas, podemos enunciar los reacomodos que se están dando al seno de MORENA, situación que tendrá sus vías y métodos puesto que hay intereses reconciliables e imperará la crítica camaraderil y la autocrítica. En cuanto a las contradicciones antagónicas, la lucha se tornará encarnizada, salvaje.
Los neoliberales han aprovechado todos los recursos a su alcance, entre los que destaca el uso de los “mass media” para crear la “cultura online” para intoxicar a la sociedad inconforme a través de un proceso de aculturación orientada a destruir los valores, pero sobre todo han secuestrado a “la verdad” como preciado botín de guerra a la verdad. Su actual estrategia incluye la guerra cultural ciberespacial; una guerra de quinta generación. Para los artífices de la 4T esto no es un secreto y, por ello, se ha puesto el énfasis en la revolución de conciencias.
Aunque desde un inicio el Instituto Nacional de Formación Política ha enarbolado el ideal de dar la batalla por las ideas, su andar no ha estado exento de tropiezos. Muchos lo han visto como presea política, como escalón político, como espacio que hay que supeditar y, desde luego no se escapa del oportunismo por parte de quienes, ante la falta de definición de una estructura regional y local, han entrado al juego de la simulación en la formación de círculos de estudio. A la usanza de los partidos del viejo régimen crean estructuras sin bases; han hecho su aposento sobre cascarones.
Afortunadamente, el proyecto “revolución de las conciencias” va más allá de meras pretensiones. Es un ejercicio que tiene sus bases no en la educación academicistas y el protagonismo, sino en la metodología de la educación popular, cuyo fundamento parte de la operatividad de los círculos de estudio nacidos de la necesidad de analizar y transformar la realidad en que se desarrolla cada grupo, llevando a la práctica actividades conjuntas, fruto de un proceso dialógico, para la construcción de nuevas formas de hacer, primando el bien colectivo sobre el individualismo.
Es obvio, como en todo proceso, que esto requiere de un compromiso y entendimiento de lo que significa la revolución de conciencias: una revolución ideología que abarca áreas semánticas y conceptuales, que consustancialmente permitirá la reconstrucción del tejido moral y de valores, a través de una nueva narrativa creada por el pueblo y para el pueblo en pro de la reconstrucción cultural y formas de relaciones interpersonales. Esto, indudablemente, cimentará las bases para una sólida revolución técnico-científica.
Cierto es que la aculturación permea todas las esferas de nuestra sociedad. La posverdad ha ganado cartas de naturalización a través de las TICs y “social media” en donde la “cultura online”, sistemáticamente, pugna por incapacitarnos para para distinguir la realidad de la ficción. Nada nuevo, por supuesto. En su tiempo, Francisco Zarco refería: “Continúa la moda de hablar de todo, sin entender de nada […]. En política están de moda las desvergüenzas; en literatura, las charadas y los acertijos y los periódicos que no son políticos ni literarios son los que más agradan”.
Si bien, los grupos neoliberales y sus lacayos andan desatados haciendo todo lo posible para conservar sus privilegios, no está de más señalar que el actual escenario político exige de la izquierda acciones y no meras intenciones. De continuar con la dinámica de franquicias, de simulaciones y rancias prácticas elitistas de hacer las cosas, los avances se tornarán lentos.
Mientras tanto, los de a pie, apoyados en el método freiriano, nos avocaremos a la tarea de construir nuestras formas de apropiarnos de la cultura y la política, pues todavía hay muchos que, bajo el efecto Dunning-Kruger, están a la espera de “la unción”.

Sólo la realidad expresada en el peso de las palabras. Felicidades.