abril 21, 2026

BREVE CRÓNICA DE UN DESASTRE ANUNCIADO

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AARÓN-CGU

Por José Manuel Sánchez Bermúdez

Recientemente la Federación de Estudiantes (FEUAN) presentó una iniciativa ante el CGU de la UAN solicitando una modificación al presupuesto de ingresos universitario del 2020 “para que sea agregado el concepto denominado “Programa de Apoyo para Estudiantes” y que sea tazado en 1.73 Unidades de Medida y Actualización (UMA) mismo que será utilizado por la Universidad Autónoma de Nayarit y sea gestionado por la FEUAN para atender las necesidades estudiantiles en temas académicos, deportivos, culturales y artísticos de la comunidad universitaria de nivel medio superior y superior, a través de los 35 comités estudiantiles de las diversas Unidades Académicas.”

Sin que sea irrelevante, en una institución que ha venido incumpliendo sistemáticamente sus compromisos laborales y que “ahorra” a costillas de los sueldos y prestaciones de sus trabajadores académicos y administrativos, el problema del dinero que reclaman “los representantes estudiantiles” es relativamente secundario. El verdadero problema es el papel que esa “representación” juega en la institución: como está la estructura institucional de autoridad, tener el control del sector estudiantil es tener el control prácticamente total de la institución.

Para lograrlo, la “representación estudiantil” ha tejido una red de relaciones con la “base” estudiantil a partir del control, cedido en parte o totalmente por las autoridades, de actividades institucionales que abarcan toda la trayectoria del estudiante en la institución, desde su ingreso hasta su egreso y que la propia FEUAN ha enumerado en su “iniciativa”: desde procesos de selección para ingreso, pasando por la asignación de becas (en toda la gama de becas que ofrece el gobierno federal), actividades “deportivas y culturales”, hasta los trámites para obtener carta de pasante, etc.

Obligar –porque con toda seguridad eso es lo que va a ser en los hechos- a los estudiantes a firmar un “Convenio de Colaboración y Apoyo Institucional” mediante el cual “aceptan adherirse a los beneficios del Programa de Apoyo para Estudiantes” controlado por la FEUAN y “dentro de los procesos de inscripción y reinscripción”, es decir, en momentos en que, sobre todo los estudiantes que aspiran a ingresar a la institución, no están en condiciones de negarse a nada de lo que les pidan, lo único que hace es agregarle eslabones a la cadena con la que los “representantes” sujetan a los estudiantes.

Esta primera red de control es reforzada, a nivel de cada unidad académica, por la presencia de un “enlace” designado por el presidente de la FEUAN, que funciona como “jefe político” en cada escuela (todos ellos con una “beca” que les asegura un ingreso todo el tiempo que dura su gestión) y que tiene un propósito básico: asegurar el control de los 35 comités estudiantiles de las diversas Unidades Académicas y, con ello, de la representación estudiantil al Consejo de Escuela y al Consejo General Universitario. Esto los constituye en el poder real de la universidad (no exclusivo, por supuesto) y les asegura en buena medida el control de la designación y del funcionamiento de las direcciones de escuela y de la propia rectoría: a partir del momento en que se consolidó esa estructura de poder, ningún aspirante a director o a rector ha tenido éxito al margen de ella.

Pero esto, desde luego, no paró aquí: todos los procesos –y éste es uno de ellos- tienden a desplegar su lógica hasta que llegan a su límite. La FEUAN comenzó a demandar plazas de personal docente, primero para sus líderes más conspicuos y después hasta para los segundones, muchos de ellos sin más mérito académico que el haber sido eso: “líderes estudiantiles”. Y el siguiente escalón, lógico y necesario, fue demandar, para sus propios líderes, direcciones de las unidades académicas y en las dependencias de la propia rectoría.

La capacidad de este entramado para asfixiar y silenciar todos los espacios de reflexión crítica y para, en medio de una ceguera institucionalizada, conducir a la universidad a la catástrofe, se hizo visible en el anterior período rectoral en el que se conjuntaron peculiares personalidades, no sólo en la rectoría y en la presidencia de la FEUAN, sino en los gobiernos estatal y federal. Entonces empezaron a aflorar, a cuentagotas, escondiendo y manipulando información y en medio de diversas y sucesivas crisis, indicadores que mostraban que habían convertido a la universidad en una zona de desastre (académica, financiera, política[1]) a tal grado que el periodo terminó con un exrector fugitivo, un edificio que contenía información financiera valiosa quemado y una universidad en muchos sentidos golpeada, su credibilidad ante la sociedad incluida. La conclusión es evidente: una forma de control político tan demandante de todo tipo de recursos universitarios para mantenerse es, cada vez más, insostenible.

Con los cambios en la administración universitaria y en los gobiernos estatal y federal, esperábamos mayor prudencia, realismo, talento y energía por parte de los grupos de poder de la universidad y, sobre todo, de sus dirigentes, para sacar a la universidad del peligroso bache en que se encuentra. Sin embargo y lamentablemente, hasta ahora hemos visto más preocupación por proteger intereses particulares que por resolver los problemas cruciales de la universidad. La Iniciativa de la FEUAN recientemente enviada a comisiones por el CGU (y que bien harían éstas en rechazar) lo único que muestra es que hay una ceguera compartida frente a las realidades de la UAN, empezando por algo que salta a la vista: el comando feuanista de la institución llegó a su límite. Querer prolongarlo equivale a seguir profundizando el descrédito y el hoyo en que metieron a la universidad.[2]

Y para finalizar debo agregar que mantengo una relación cordial y afectuosa con varios de los exlíderes de la FEUAN. Estoy convencido, siempre lo he estado, que esta universidad, como todas, necesita democracia, liderazgos y organizaciones estudiantiles sólidas y académicamente comprometidas, pero no entramados corporativos que terminan por arriesgar severamente, como ya lo estamos viendo, toda viabilidad institucional en perjuicio no sólo de los universitarios, sino de toda la sociedad.

En el anterior periodo rectoral -la perversidad suele acompañarse de cierta dosis de cinismo, demagogia y humor negro- se acuñó el lema “La Universidad, Patrimonio de los Nayaritas”. Ahora, la más reciente iniciativa del liderazgo corporativo que está asfixiando “el patrimonio de los nayaritas”, ha sido para apropiarse, lo cual no deja de tener su toque irónico, de recursos directamente provenientes de los padres de los estudiantes para financiar sus actividades en provecho de su proyecto corporativo. Y esto, para rematar el desfiguro, en momentos en que el gobierno federal está ofreciendo acrecentar el subsidio a las universidades (a cambio de que éstas proporcionen educación gratuita, como manda la constitución) y en que la UAN ha sido señalada, por el propio gobierno federal por incumplimiento de los compromisos contraídos[3]: si hay razón o no para ese señalamiento, si es justo o injusto, es algo que las autoridades deben explicar a la comunidad universitaria pero que, ciertamente, no es algo que se pueda ignorar.

[1] Examinar cada una de estas dimensiones de la crisis de la universidad es algo que rebasa las posibilidades de este breve artículo. Para avanzar en la construcción de un marco general para la reflexión sobre estos temas, recomiendo mi artículo “Educación superior pública en el México neoliberal: Mercantilización, corrupción y crisis” en B. Toscano & A. Arias. (Coord.) Pensar la universidad pública en tiempos de crisis. Contribuciones a propósito de la gobernabilidad institucional. Collectios-©ECORFAN-México, Nayarit. 2019, p.p. 1-18, disponible en http://www.ecorfan.org/collections/nayarit-2019/T5_Pensar_la_universidad_p%c3%bablica_en_tiempos_de_crisis/T5_Pensar_la_universidad_p%c3%bablica_en_tiempos_de_crisis.pdf?fbclid=IwAR2h3r3GWBeuiXhOgMMAnnIUlj-Z8j6hJ0Q5K0dPQ8enr1nCKjvoORl-BAM

 

[2]  La iniciativa de la FEUAN suscitó diversas reflexiones de los académicos de la UAN publicadas en las redes sociales. A continuación reproduzco una de Salvador Mancillas publicada en su muro de Facebook: “La universidad necesita cambiar de un modelo de gestión caduco, corporativista y corrupto, a otro de liderazgo institucional, donde se premien los logros auténticos (de investigación, docencia y extensión) y se conjure cualquier forma de simulación. El corporativismo les cuesta caro a las universidades del país, porque el dinero público se gasta en simular actividades académicas, en mantener improductivos sistemas de becas, en abrillantar vacas sagradas huecas por dentro, mientras que bastante poco se aprovecha para las actividades sustantivas. Por los controles actuales es difícil que exista corrupción en la administración general de la UAN; pero las condiciones de hoy permiten la corrupción de prácticas en la gestión académica y de otro tipo. Frente a profesores que ganan miles de pesos por hacer trampa en los trámites de becarios, por ejemplo, están los honestos que viven hambreados por el salario ordinario porque no se atreven a realizar papeleos fraudulentos. Y así es en otros ámbitos que sería largo enumerar. Eso es también corrupción, pero de la más invisible. No hay pretexto. Es hora del cambio. Necesitamos un modelo de liderazgo institucional que premie los logros de una competitiva carrera docente, administrativa y de realizaciones culturales. Hacer una carrera de logros concretos (no de papeles, diplomas o símbolos basura), debe ser una prioridad de trabajadores, académicos y funcionarios.”

[3] Consultar la página web “Plataforma en Transparencia Rendición de Cuentas de la SEP” https://sep.subsidioentransparencia.mx/2020/subsidio-ordinario/universidad/UAN?ref=map

1 pensamiento sobre “BREVE CRÓNICA DE UN DESASTRE ANUNCIADO

  1. Ni siquiera debieron recibir a revisión la tal propuesta de modificación porque lo que se está realmente solicitando es legalización de la perpetración de un robo descarado y la desviación de recursos a un fin no señalado en actividades sustantivas universitarias, inconcebible el cinismo y descaro del dirigente feuano

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