Cirugías estéticas: riesgos, secuelas y la vanidad que cobra vidas
>> En esta colaboración, el autor reflexiona sobre el auge de las cirugías estéticas y advierte que muchas intervenciones practicadas sin especialistas capacitados han dejado secuelas graves o incluso muertes.
Por Sergio Mejía Cano
Riesgos detrás de la estética y las redes
Hoy en día con el crecimiento de las redes sociales, así como el avance de la llamada inteligencia artificial —capaz de producir imágenes o audios falsos— se abre un debate sobre lo verdadero y lo falso.
Sin embargo, lo que sí podría ser más que real son las constantes informaciones sobre gente que fallece en cirugías estéticas; operaciones practicadas, en muchos casos, por médicos sin capacitación, sin título profesional o sin cédula que los acredite como tales.
Consecuencias graves en la salud
El problema de las cirugías estéticas parece ser el cuento de nunca acabar. Cada tanto aparecen noticias de personas que perdieron la vida al practicarse una intervención o que quedaron con graves secuelas físicas: deformaciones en el rostro, daños en la columna vertebral, impedimentos para caminar, infecciones serias en la piel, caída de cabello e incluso cáncer de mama.
Estas afecciones, por desgracia, no solo se presentan en mujeres de distintas edades, sino también en varones, ambos atrapados por la propaganda del mejoramiento físico que les hace creer que las canas, arrugas, orejas o la forma de su nariz son defectos, en vez de aceptar el paso natural del tiempo.
Lo natural frente a lo artificial
Allá por los años 70, en Guadalajara, Jalisco, existía un local con el letrero: “Cámara Nacional de la Industria del Embellecimiento Físico”. Esto contrasta con lo señalado por el filósofo indio OSHO, quien sostenía que en la Naturaleza no existe nada bueno ni malo, bello o feo; todo está en su debido lugar.
En este sentido, lo artificial jamás podrá superar lo natural. Las cirugías para cambiar nariz, boca o estirar la piel siempre resultan notorias, y con el tiempo, lo artificial se echa a perder.
Vanidad y mercado millonario
La vanidad no perdona. Hombres y mujeres recurren a tintes, implantes y toda clase de tratamientos para disfrazar el paso del tiempo. Como dijera Al Pacino en su papel de Satanás en El abogado del Diablo: “Ah, la vanidad, mi pecado favorito”.
Esta misma vanidad ha hecho millonarios a laboratorios que fabrican tintes, químicos y prótesis corporales.
El caso cercano
Un jubilado ferroviario contaba que su nieta presentó fuertes dolores en la espina dorsal después de inflarse los labios y aumentarse el tamaño de los senos. El médico le explicó que el malestar era consecuencia del peso antinatural de los implantes y le recomendó retirarlos.
Sea pues. Vale.
