Cuando la cultura incomoda al poder
“Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no pronuncié palabra,
porque yo no era judío,
Cuando finalmente vinieron a buscarme a mí,
no había nadie más que pudiera protestar.”
Bertolt Brecht
Por Luis Alberto Bravo Mora
Corría el mes de septiembre de 2010, y mi amado Santiago Ixcuintla se preparaba para recibir el Cuarto Festival de Teatro Ixcuintla. Todo estaba listo, todo organizado, hasta que, a unos días de iniciar, el presidente municipal —sí, aquel conocido “pipiripao”— sí, el mismo que hoy despacha desde palacio, decidió cancelarlo. Así, sin más. La orden llegó a través de su director de cultura, un maestro cuyo nombre ni recuerdo ni me interesa recordar, quien con tono arrogante me soltó la sentencia: «el festival no se llevará a cabo porque el Ayuntamiento no tiene interés en ello, ni ganas; ordenes de arriba».
Ahí estaba, otra vez, el eterno argumento de que la cultura “no genera dinero para la administración”, como si la única forma de medir su valor fueran los centavos que dejan en caja. Lo único que el municipio tenía que hacer era facilitar los espacios: las plazas, la alameda olvidada, el Teatro Ixcuintla. Pero ni siquiera estaban dispuestos a cumplir con eso.
Por supuesto, no me iba a quedar de brazos cruzados. ¡Soy Bravo, y soy de Santiago! Así que inicié mi protesta en redes sociales, y en cuestión de un par de horas, la historia cambió. El entonces gobernador Ney González, atento a lo que se decía en redes sociales e internet, me escribió directamente y concluyó su mensaje con una orden clara: «en unos minutos se comunicará con usted el licenciado Don Juan de la Peña, y mañana Sergio los recibirá a primera hora en su casa».
No habían pasado ni cinco minutos cuando el licenciado Don Juan de la Peña, encargado de enlace con los municipios, ya me estaba llamando. Quedamos de salir a las 7 de la mañana, y él mismo pasó por mí. Nos dirigimos a la casa del presidente municipal, donde nos recibió un policía que fungía de guardia y nos hizo pasar a una pequeña antesala. A los pocos minutos apareció el personaje en cuestión, aún en bata de dormir, con gestos afectuosos, como si no acabara de intentar frenar el festival días antes.
Pero no hubo lugar para rodeos. El licenciado Don Juan de la Peña fue directo al grano: «por indicaciones del señor gobernador, atiende al maestro para que se desarrolle el festival de teatro en tiempo y forma. Apóyalo en todo, EN TODO, EN TODO SERGIO lo que se necesite». Y así fue como pasamos de un evento al borde de la cancelación a un festival con todo el respaldo municipal. Con todo y su disgusto, el presidente municipal tuvo que cumplir con la orden, y el festival se convirtió en un éxito absoluto.
Hoy, la historia vuelve a repetirse en Santiago Ixcuintla, pero esta vez el blanco es el maestro Octavio Campa Bonilla. La feria, un festejo que lleva años sobreviviendo de milagro, se encuentra en plena crisis. Pero en lugar de asumir responsabilidades, el presidente municipal ha optado por la estrategia fácil: culpar a otro.
Campa Bonilla ha sido señalado por años como el culpable de todo lo que ha ocurrido en la cultura del estado, pero nunca ha habido una prueba real, solo chismes de pasillo. Sin embargo, lo más absurdo de toda esta historia es que lo que realmente ofendió al presidente y sus allegados no fue la decadencia de la feria, sino el significado de la palabra “chabacano”. Es curioso, porque les hubiera dolido menos una mentada de madre, pero no, el maestro nos llevó directo a la Real Academia de la Lengua, nos exhibió cual ignorantes y cuando nos dimos cuenta ya le habíamos dado la razón y ahí fue donde sí nos dolió. Con tan poco, el poeta nos dijo todo.
La comunidad cultural —y más aún, la teatral— no puede quedarse en silencio. Santiago es tierra de gente bravía, y por mucho que intenten jugar con el nombre y la trayectoria de Campa Bonilla, no lo vamos a permitir.
La cultura ha sobrevivido por quienes la defienden, no por quienes la administran. Y si hace 15 años un festival pudo imponerse a la necedad del poder, hoy no podemos permitir que intenten sepultar el legado de un maestro cuya obra ha dejado huella en el estado.
Porque si algo hemos demostrado en Santiago, es que el verdadero valor de la cultura no se mide en centavos.
Tepic Nayarit a 28 de mayo de 2025
Luis A. Bravo
Director de escena
