abril 15, 2026
bandera rota

Por Manuel Rueda

El panorama político actual en Nayarit, revela una creciente tensión interna dentro del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Los ataques a figuras prominentes del partido se intensifican, un fenómeno que, aunque podría parecer natural dada la solidez electoral de Morena según diversas encuestas, resulta inquietante por su origen.

Las críticas, inherentes al juego democrático, adquieren una dimensión preocupante al analizar su procedencia. Si bien se esperaría que la oposición, históricamente propensa a tácticas desestabilizadoras, fuera la fuente de estos embates, la realidad apunta en otra dirección. La sincronía con la que operan ciertas cuentas en redes sociales, conocidas por su actividad, y algunos medios de comunicación, sugiere que los golpes provienen desde el interior de Morena.

La alcaldesa de Tepic, Geraldine Ponce, el senador Pável Jarero y la diputada federal Andrea Navarro son algunos de los blancos recientes. El silencio de la dirigencia del partido ante estos ataques es desconcertante. Hasta el momento, no se ha observado una respuesta contundente por parte de Morena ni de sus líderes, quienes, aunque no han emitido declaraciones, podrían estar subestimando el impacto de estos ataques en la llamada Cuarta Transformación.

¿Dónde quedaron los respaldos? Aquellos que hace un año eran apoyados y promovidos por las mismas voces que ahora los critican, han sido abandonados a su suerte. ¿Acaso la marca «Morena» es tan fuerte que se cree inmune a las fracturas internas? ¿O se priorizarán los resultados electorales sobre la congruencia?

Es crucial que aquellos en posiciones de liderazgo dentro del partido, que fomentan el conflicto con su silencio o gestos, recuerden que la memoria política es larga. Las decisiones personales, especialmente en la selección de candidaturas, tendrán consecuencias.

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