Desodorantes antitranspirantes y cáncer de mama: entre la prevención y la duda científica
Sumario: En el marco del Mes Rosa, el periodista Sergio Mejía Cano reflexiona sobre una vieja polémica: ¿podrían los desodorantes antitranspirantes estar relacionados con el cáncer de mama? Entre recuerdos de un simposio en Guadalajara y nuevas voces médicas, plantea un tema que sigue generando debate y precaución.
Por Sergio Mejía Cano
El mes de octubre está considerado como el mes rosa debido a que el día 19 de este mes se celebra El Día Mundial contra el Cáncer de Mama, por lo que su emblema es precisamente un moño de este color.
Así que, por lo mismo, la presidenta de nuestro país, Claudia Sheinbaum Pardo, en sus más recientes conferencias matutinas se ha referido a este mal debido al incremento tanto en mujeres como en varones, aunque de acuerdo al actual secretario de Salud, doctor David Kershenobich, afirmó en una de estas conferencias —también conocidas como las mañaneras del pueblo— que este malestar se hace más presente en mujeres que en hombres; aunque tampoco están exentos de padecer el cáncer de mama.
A principios de los años 80 del siglo pasado, cuando se comenzaron a comercializar más los desodorantes antitranspirantes, acudí a un simposio en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, en donde se habló de este tema. Ahí estuvieron presentes dos hombres y dos mujeres que se identificaron como oncólogos, quienes dijeron que ante la aparición de este tipo de desodorantes y de acuerdo a las estadísticas no tan comunes en aquellos años aún, había llamado la atención que cada día aumentaban más los pacientes de ambos sexos, pero más las mujeres con malestares en las glándulas mamarias como durezas, inflamaciones y ardor, además de comezón en los pezones y axilas que presentaban irritaciones, enrojecimientos y mucha comezón.
En esta conferencia se dijo que se estaban estudiando los efectos del uso de este tipo de desodorantes debido a sus componentes químicos, que detenían la salida del sudor en las axilas, algo totalmente contra la naturaleza de un organismo humano, en el entendido de que todo lo que expele el cuerpo humano es porque no lo ocupa ni lo necesita. Añadieron estos oncólogos que el sudor no es grasa corporal, sino el vehículo del que se sirve el organismo para deshacerse de toxinas y posibles bacterias nocivas, por lo que al no permitir la salida del sudor, este se iba acumulando en la zona en que fue retenido generando posibles daños a esa zona y más allá.
Añadieron estas personas versadas en este tema que, tal vez, el incremento en el uso de estos desodorantes que evitan la salida del sudor se debía a la mercadotecnia enfocada a la vanidad y la estética, para que mucha gente lo usara para no verse mal mostrando las manchas del sudor bajo las mangas de blusas y camisas. Tanto las axilas como las ingles son zonas del cuerpo humano altamente húmedas, por lo que son partes en donde más se acrecienta la salida del sudor y también, posiblemente, para evitar manchar la ropa en esas áreas.
Así que, para evitar vergüenzas o burlas al presentarse con la ropa manchada de sudor, era probable que mucha gente prefiriera esta clase de desodorantes antitranspirantes y así, dar una mejor apariencia ante los demás; es decir, vanidad y estética en todo su esplendor, aunque también, claro está, presentación ante la sociedad, como si nadie más sudara.
A principios de este mes, en una conferencia al respecto, le expuse a una oncóloga este argumento, a lo que respondió que no era así, pues ya estaba debidamente y científicamente comprobado que este tipo de desodorantes no afectaba en lo absoluto al cuerpo humano y que no tenía nada que ver con el incremento del cáncer de mama en la sociedad ni en México ni en el mundo.
Sin embargo, existe la duda respecto a los estudios que han determinado que los antitranspirantes no tengan nada que ver con el cáncer de mama y otras afectaciones en la piel tanto de las mismas axilas como en su entorno y, desde luego, en las glándulas mamarias. Esto porque es muy sabido que la mayoría, si no es que todos los laboratorios farmacéuticos y de productos sanitarios, extranjeros en su mayoría, son compañías muy poderosas y tal vez algo tienen que ver en esa determinación de que no afectan a la salud estos desodorantes.
Se entiende que al no dejar salir el sudor, este se va acumulando en donde es retenido afectando ganglios y demás, formando ahora sí bolas de grasa que pasado un tiempo se vuelven infecciosas.
Sea pues. Vale.
🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

