noviembre 3, 2026

Dos gobernadores, dos atropellos: cuando los caprichos políticos despojan la memoria de los pueblos

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 La estatua de bronce de Francisco Villa en Durango y la emblemática Hermana Agua de Tepic: dos monumentos amenazados por caprichos políticos, dos heridas a la memoria colectiva. / Foto: Archivo / Tu Revista Perfiles

✍️ Por Manuel Rueda
       Tu Revista Perfiles

Lo más destacado:

  • En Durango, el gobernador Esteban Villegas pretende trasladar la histórica escultura de bronce de Francisco Villa a San Juan del Río, sustituyéndola por una polémica estatua de 25 metros.
  • En Nayarit, Miguel Ángel Navarro ya consumó el retiro de «La Hermana Agua» de la glorieta de La Loma para imponer una escultura de «una familia wixárika».
  • Dos gobernadores de distintos partidos repiten el mismo patrón: despojar a sus pueblos de emblemas con décadas de historia sin consulta ciudadana real.

Tepic, Nayarit, 02 de noviembre de 2026.- Dos estados, dos gobernadores, dos partidos distintos, un mismo atropello. Mientras en Durango el priista Esteban Villegas se empeña en arrancar del corazón de la capital la escultura de bronce de Francisco Villa para llevarla a San Juan del Río, en Nayarit el morenista Miguel Ángel Navarro ya consumó el retiro de la emblemática «Hermana Agua» de la glorieta de La Loma en Tepic. El denominador común es el mismo: gobernadores que han olvidado que el patrimonio cultural no es botín político, sino herencia del pueblo.

Durango: 50 años de historia convertidos en capricho

Como duranguense que soy, duele que, en la tierra del Centauro del Norte, la polémica es cruda. La estatua ecuestre de bronce de Francisco Villa, que ha custodiado la ciudad por cinco décadas y que fue posible gracias a la aportación generosa de los propios duranguenses durante el gobierno del Dr. Héctor Mayagoitia Domínguez, quienes donaron llaves y bronce para fundir su amor por la tierra en una obra de identidad colectiva.

Hoy, el gobernador Villegas pretende trasladarla al municipio de San Juan del Río, cuna natal de Villa, bajo la premisa de que «allí pertenece más». Como si el origen biográfico anulara medio siglo de pertenencia cultural al paisaje urbano de la capital. Para sustituir la obra histórica, el gobierno estatal construye una nueva escultura monumental de 25 metros de altura, presupuestada en 17 millones de pesos, que los críticos ya han bautizado como «la de hojalata». La familia del escultor original, Francisco Montoya, ha expresado su inconformidad, mientras los ciudadanos recaban firmas para frenar lo que muchos ya califican como «un robo anunciado del patrimonio».

Nayarit: La Hermana Agua, una herida abierta

La historia se repite con otro nombre, pero con la misma arrogancia institucional. En marzo pasado, el gobernador Miguel Ángel Navarro confirmó el retiro del monumento a «La Hermana Agua» que, desde 1965, había sido el emblema visual de la glorieta frente al Parque La Loma en Tepic.

El argumento oficial —la remodelación urbana y la sustitución por una escultura de una «familia wixárika»— no convenció a nadie. Las colectivas feministas, artistas, historiadores y ciudadanos salieron a protestar al grito de «Tepic de Nervo, no de Navarro» . El verdadero motivo, según los críticos, fue un capricho personal del gobernador. Hoy, la glorieta luce otra obra, pero la ciudad sigue preguntándose: ¿dónde está La Hermana Agua? ¿Por qué un mandatario puede disponer, sin consulta ciudadana real, de un símbolo que pertenece a la memoria de generaciones de tepiqueños?

El mismo patrón, distinta bandera política

Lo que une a estos dos episodios es más revelador que lo que los separa. Villegas (PRI) y Navarro (Morena) comparten una misma lógica: el monumento público como extensión del ego del gobernador en turno. Ambos han decidido, unilateralmente, qué símbolos representan mejor a su pueblo, sin importar cuántas décadas de arraigo tengan los anteriores.

La estatua de Villa no es de Villegas. La Hermana Agua no era de Navarro. Son del duranguense que creció mirando al Centauro en su avenida. Son del tepiqueño que usaba la glorieta como punto de referencia. Son patrimonio colectivo, no decoración administrativa que se cambia cada seis años.

La memoria no se negocia

Los monumentos no son piezas intercambiables al antojo del poder. Son los anclajes físicos de la identidad de un pueblo. Cuando un gobernador los retira o los traslada sin consulta real, no está «remodelando»: está borrando la memoria. Y la memoria, a diferencia de las estatuas de hojalata, no se construye en serie ni se inaugura con una placa de 17 millones de pesos.

Desde Tu Revista Perfiles, hacemos un llamado firme: a los duranguenses, a no permitir el despojo de su Villa de bronce; a los nayaritas, a seguir exigiendo explicaciones sobre el destino de La Hermana Agua. Porque los gobernadores pasan, pero la memoria de los pueblos debe permanecer. El patrimonio no se toca, no se regala, no se roba.

Este contenido contó con asistencia de herramientas de IA.

🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

La estatua de bronce de Francisco Villa en Durango y la emblemática Hermana Agua de Tepic: dos monumentos amenazados por caprichos políticos, dos heridas a la memoria colectiva. / Foto: Archivo / Tu Revista Perfiles

Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva del autor.

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