Ecos de la ciudad de las artes: La Escuela Superior de Música del CECAN
Por Luis Alberto Bravo Mora
La indiferencia institucional por parte del CECAN hacia el desarrollo artístico juvenil es una lamentable muestra de prioridades mal encaminadas. Mientras la educación musical y artística queda relegada, decisiones cuestionables como la reubicación irresponsable de instrumentos y el descuido de espacios esenciales evidencian una falta de visión, planeación y la más mínima organización. ¿Cómo es posible que CECAN privilegie la limpieza de un río sobre el acceso digno a la cultura para los jóvenes? Con la demolición de Ciudad de las Artes, CECAN debería estar resolviendo esto 24/7. Un año tuvieron para prever esto, un año o un poco más. Hace más de un año que el Gobernador les hizo de su conocimiento lo que se venía y jamás actuaron en consecuencia.
El abandono de los pianos en condiciones precarias es más que un descuido: es un reflejo de un problema mayor. No se trata solo de objetos materiales, sino de respeto por el esfuerzo, la dedicación y el derecho de los estudiantes a contar con un entorno adecuado para su formación. La gestión cultural no puede basarse en ocurrencias ni en soluciones improvisadas. Exigir responsabilidad y coherencia en la toma de decisiones es imprescindible para garantizar que el arte no quede en el olvido ni sea tratado como un estorbo.
¿Si señores, los pianos (dos de cola y ocho pianos verticales, ojo: cada piano de cola cuesta aproximadamente trescientos mil pesos cada uno, mientras que los pianos verticales cuestan aproximadamente cien mil pesos cada uno) fueron aventados al Foro Don Trinidad Ríos Aguayo en las instalaciones del CECUPI, un espacio que sufre de filtraciones, y ahora en temporada de lluvias, cuánto creen ustedes que duren estos instrumentos funcionales? Además, no costaron tres pesos, pero claro, eso al CECAN es lo que menos les importa. ¿Quién se hará responsable de los mismos?
¡Ah! Pero entrando esta nueva dirección del CECAN, lo primero que hicieron fue correr al único trabajador que tenía CECAN que había ganado su puesto por concurso de oposición, el que era director de esta institución hoy a la deriva. Caro están pagando su soberbia y arrogancia.
La comunidad artística y educativa merece espacios dignos, planificación eficiente y, sobre todo, un compromiso genuino con su desarrollo. Es hora de que el CECAN comprenda que su trabajo en cultura no es un lujo, ni tampoco un pase para andar de aprontones en todo menos en sus verdaderas responsabilidades.
Solo como nota: uno de los pianos de cola fue donado por uno de los hijos, ni más ni menos, que del Prieto Crispín.
