El amor según Winnie Pooh
“A veces las cosas más pequeñas
ocupan la mayor parte del espacio
de tu corazón.”
Winnie the Pooh
Por Larissa Calderón
En el año 1926 se publicó en Inglaterra el libro Winnie The Pooh, escrito por Alan Alexander Milne (19882-1956) e ilustrado por Ernest Howard Shepard (1879-1976), con las imágenes del osito de peluche amarillo, además de sus vecinos y amigos del Bosque de los Cien Acres: Puerquito, Igor, Conejo, Búho, Cangu y su hijo Rito, y desde luego el niño Christopher Robin; en una entrega posterior llamada “El rincón de Pooh” en el año 1928 se unió Tigger, también con la participación Shepard y cuyas ilustraciones han trascendido y son las que conocemos hasta hoy.
La obra nació como un poema inspirado en el propio hijo del escritor de nombre Cristopher Robin Milne (1920-1996) y la relación con sus juguetes favoritos y sus juegos infantiles. En la manera en que el juego da vida a esos objetos, los dota de carácter e historia. La filosofía del cuento es la ternura, la búsqueda de resolver problemas cotidianos por medio de la colaboración, de establecer que cada ser tiene un lugar muy específico e importante y que las diferencias construyen personalidades no desventajas. El amor según Winnie Pooh, es preocuparte por el otro, darle atención, cuidados y comprensión.
La obra fue muy bien recibida de inmediato, contó con una gran promoción y un gran despliegue comercial que se incrementó con la segunda entrega. El mercado se llenó de mercancías del osito y sus amigos. El contraste de la sencillez de los personajes y del mensaje con la fama se hizo cada vez más evidente, hasta convertirse en la explotación comercial de la marca en la que se convirtió el osito y se unió al imperio de contenido para las infancias Disney.
Pero la principal repercusión de la fama, no de su padre el escritor, sino del personaje, la sufrió el propio Christopher Robin. El niño se hizo famoso, tanto por el personaje que lleva su nombre como por su participación en la promoción del cuento, entre los 6 y los 10 años realizó grabaciones, actuaba en representaciones, recitaba y cantaba partes de la obra para el público, era fotografiado constantemente y tenía la responsabilidad de contestar las cartas de los fans con la ayuda de una niñera.
No solamente la imagen de los personajes era explotada, también Christopher Robin. El niño terminó siendo enviado a un internado a los 10 años, donde sufrió acoso de sus compañeros y malos tratos por parte de extraños que no podían separar al personaje de quien lo inspiró. La fama del Winnie the Pooh lo persiguió y creó un resentimiento en él hacia la obra de su padre.
La exposición mediática de niños, niñas y adolescentes con fines de lucro, puede ponerles en riesgo, vulnera su derecho a la intimidad y privacidad, y puede tener efectos negativos en su sano desarrollo. Las afectaciones psicológicas y físicas, apenas están siendo documentadas debido al aumento de casos. En las redes sociales y plataformas la exposición no tiene regulación ni supervisión por parte de las autoridades responsables del bienestar de las infancias. Y en su mayoría tienen el consentimiento de las familias que incluso alientan y se benefician económicamente.
Este febrero de 2024 la youtuber de crianza Ruby Franke y su socia la terapeuta Jodi Hildebrandt fueron sentenciadas a 60 años de prisión por abuso infantil agravado, 4 sentencias consecutivas de 15 años por cada uno de los 4 hijos menores de Ruby.
Ruby Franke es una creadora de contenido que, junto con su esposo, exponían a sus 6 hijos en un canal de youtube llamado “8 pasajeros” con el pretexto de mostrar sus métodos de crianza. Por años la vida e intimidad de sus hijos e hijas fue compartida con sus más de 2 millones de seguidores, hasta que su sistema disciplinario fue fuertemente cuestionado por los mismos suscriptores.
Ruby cerró el canal, pero continuó aleccionando a las madres y padres en un programa con Jodi Hildebrandt, con quien además se fue a vivir con sus 4 hijos menores al separarse de su esposo. La hija mayor dejó la casa familiar al cumplir la mayoría de edad y el segundo hijo se quedó con su padre.
Al dejar de exponer a los y las menores de la vista pública, se agudizó el maltrato y en septiembre de 2023, uno de los niños que vivían con Ruby y Jodi, escapó de la casa y pidió ayuda y comida a unos vecinos quienes pusieron en alerta a la policía, ya que el pequeño estaba en malas condiciones y hambriento, además de decir que sus hermanos se encontraban en la misma situación que él. Así fueron arrestadas e investigadas las dos mujeres y finalmente en diciembre de 2023 se declararon culpables de los cargos por el abuso físico y psicológico de los 4 menores.
Shari Franke la hija adulta de Ruby, tras el arresto, expresó que llevaba años intentando denunciar lo que pasaba y se sentía feliz de que por fin se diera ese paso. Actualmente Shari acaba de publicar su libro “La casa de mi madre: la búsqueda de libertad de una hija” (Simon & Schuster, 2025) donde relata su experiencia de abuso y explotación por parte de su madre y el lazo íntimo que la une con su cómplice, la terapeuta Jodi Hildebrandt.
Se acaba de estrenar el documental «El Diablo en la Familia: La Caída de Ruby Franke» en la plataforma hulu, donde también se explora el contexto de la comunidad mormona de la que es parte la Ruby y su búsqueda por la perfección y el reconocimiento.
Algo que siempre debemos recordar es que, al nacer, las personas venimos con un regalo para nuestras madres y padres, ese regalo es la confianza absoluta, el cual debería ser correspondido con el amor que conlleve el respeto a la individualidad y privacidad de hijos e hijas.
