abril 18, 2026

El inminente desastre de la deuda a nivel mundial

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Por Dr. Abel Ortiz Prado

Un reporte del Banco Mundial publicado recientemente, nos indica que los países en desarrollo desde hace 15 años se subieron a la ola de contraer deuda, misma que ha crecido a un ritmo de 6 puntos porcentuales del PIB en promedio. Este crecimiento acelerado suele acabar en lágrimas. De hecho, las probabilidades de que desencadenen una crisis financiera son aproximadamente del 50%. A pesar de una serie de conmociones que han tenido lugar desde el 2020, la economía mundial ha resistido sorprendentemente bien, hasta ahora. Pero el margen de error es cada vez menor.

La deuda mundial es hoy un 25% más alta de lo que era en vísperas de la pandemia del COVID-19, cuando ya alcanzaba su máximo histórico. Este sobreendeudamiento podría socavar la capacidad de todas las economías para protegerse contra la última crisis: “El aumento de los aranceles comerciales”. Aunque hasta ahora el mundo ha logrado sortear un colapso financiero “sistémico” como el de 2008-2009, demasiadas economías en desarrollo se encuentran hoy en un círculo vicioso. Para pagar sus deudas, muchas de ellas están recortando las inversiones en educación, atención de la salud e infraestructura que se necesitan para impulsar el crecimiento económico.

En el particular caso de México, un reciente reporte indica que, de enero a mayo, el Gobierno Federal dejo de aplicar $224,388 mdp de recursos presupuestados, donde sobresale la contracción del 29% en el gasto de inversión -el que más impacto social tiene- la mayor registrada desde 1995.

Este aumento en los niveles de deuda, además se ha caracterizado por el incremento más elevado de las tasas de interés en cuatro décadas, cuyos costos se duplicaron en la mitad de las economías en desarrollo, y el costo neto de los intereses, como porcentaje de los ingresos públicos, aumentó del 9 % en 2007 a alrededor del 20 % en 2024, el cual constituye una crisis por sí solo.

La contratación de la deuda con alto impacto social debe entenderse como una forma de diferir los impuestos, repartiendo equitativamente la carga fiscal intergeneracional en el horizonte del tiempo. Al endeudarse, en lugar de aplicar gravámenes fiscales, los Gobiernos pueden hacer inversiones públicas productivas de gran aliento y larga duración que beneficiarán a los futuros contribuyentes, sin necesidad de imponer una carga a la generación actual; o pueden apuntalar el crecimiento nacional y los ingresos durante una emergencia económica, cuando un alza de los impuestos no haría más que profundizar la recesión.

En este contexto podemos concluir que la deuda contraída para financiar gasto corriente no tiene cabida, y donde es fundamental entender que al final habrá que enfrentar las consecuencias. Además, si el ingreso fiscal no crece por lo menos a la velocidad del costo de los financiamientos, será inevitable incrementar los impuestos para el pago del capital y del servicio de la deuda, convirtiéndose el endeudamiento en un obstáculo para el crecimiento económico.

En el caso de México durante este mismo periodo incrementó su deuda pública entre 18 y 19 puntos porcentuales del PIB, lo cual resulta bastante más acelerado que el promedio de los países en desarrollo. Particularmente en los últimos siete años, el saldo creció un 68% al pasar de $ 10.4 billones de pesos, en diciembre del 2018, a 17.6 billones de pesos (bdp) en mayo del 2025, con una composición de 74.7 bdp de deuda adquirida dentro del país (interna) y 25.3% adquirida con acreedores internacionales (externa) según datos de la SHCP; lo que se traduce en una deuda percápita de $ 132,563 por cada mexicano.

Un dato que llama mucho la atención es que al llegar la deuda al nivel de los 17.7 bdp al 5º mes del año, ya alcanza el 94% del techo de endeudamiento autorizado para este ejercicio fiscal, restando todavía siete meses de operación en un paradójico entorno en donde los ingresos públicos están por debajo de lo programado y los compromisos de gasto corriente son mayores. Citar lo anterior implica explicar que si bien la recaudación tributaria como lo ha anunciado el SAT registró un incremento del 8.9%, esta no fue suficiente para compensar la recaudación por ingresos petroleros mismos que se contrajeron en un 23.8% debido a que la plataforma de producción fue menor en 0.5 mil millones de barriles diarios lo que mantiene las alarmas encendidas en la paraestatal PEMEX.

Por su parte, la reciente reforma laboral para el personal de educación reducirá la edad de jubilación hasta los 53 años para las mujeres y 55 para los varones generando un compromiso presupuestal de más de 80 mil millones de pesos para la hacienda pública. Los responsables de formular políticas en todo el mundo han optado por tentar a la suerte, con la esperanza de un crecimiento acelerado a nivel mundial y a que las tasas de interés bajen lo suficiente como para desactivar la bomba de la deuda.

Contacto: aborpra@hotmail.com

Académico, Consultor en Finanzas, Administración Pública y Asociaciones Público-Privadas. @seguidores

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