Federalismo fiscal: entre la solidaridad nacional y la dependencia financiera
Por Abel Ortiz Prado
Sumario: El modelo fiscal mexicano muestra señales de agotamiento – Algunos estados reciben mucho más de lo que aportan a la recaudación federal – Nayarit recibe 1.11 pesos de participaciones por cada peso recaudado – El reto es avanzar hacia una mayor corresponsabilidad hacendaria.
Un modelo que comienza a mostrar tensiones
El federalismo fiscal mexicano atraviesa una de las discusiones más importantes de las últimas décadas al enviar señales de agotamiento de su modelo. Mientras la Federación concentra la mayor capacidad recaudatoria del país mediante impuestos como el ISR, IVA e IEPS, las entidades federativas dependen crecientemente de las participaciones y aportaciones federales para sostener su gasto público.
El análisis del ejercicio fiscal 2025 evidencia profundas asimetrías: existen estados que reciben más de dos pesos de participaciones federales por cada peso que logran recaudar localmente de impuestos federales, mientras otras entidades reciben menos de un peso. Solamente cinco entidades se encuentran cercanas al punto de equilibrio.
En este escenario el estado de Nayarit recibe 1.11 pesos de participaciones por cada peso recaudado. Esta realidad no solamente refleja desigualdades económicas regionales, sino también una compleja estructura de incentivos dentro del actual pacto fiscal mexicano.
Cuando la redistribución se convierte en dependencia
El problema de fondo no radica en la existencia de mecanismos de redistribución federal, ya que éstos resultan indispensables para mantener cohesión territorial y evitar un mayor rezago en entidades con menores capacidades económicas.
El verdadero desafío aparece cuando el modelo fiscal comienza a generar dependencia estructural y reduce los incentivos para fortalecer la recaudación local. En múltiples estados y municipios, políticamente resulta menos costoso esperar mayores transferencias federales que impulsar reformas hacendarias, actualizar catastros y tablas de valores —con la respectiva aprobación legislativa—, fortalecer el cobro del predial y del servicio de agua potable, ampliar la base de contribuyentes o mejorar la fiscalización local.
De esta manera, el sistema termina configurando un federalismo altamente centralizado para recaudar, pero profundamente descentralizado para gastar, situación que debilita la autonomía financiera de los gobiernos subnacionales y limita su corresponsabilidad hacendaria.
Hacia un nuevo equilibrio fiscal
México necesita evolucionar hacia un federalismo fiscal más equilibrado, donde la solidaridad nacional conviva con una mayor responsabilidad financiera local.
El objetivo no debe ser eliminar la redistribución entre entidades, sino construir mecanismos que premien el esfuerzo recaudatorio, la gestión de inversión local, fortalezcan las capacidades institucionales locales y reduzcan gradualmente la dependencia financiera crónica.
Un federalismo sólido no se construye únicamente distribuyendo recursos, sino desarrollando gobiernos capaces de generar ingresos propios, rendir cuentas a sus contribuyentes y sostener financieramente parte importante de sus responsabilidades públicas.
La viabilidad futura del pacto federal mexicano dependerá, en buena medida, de avanzar hacia un modelo basado no sólo en transferencias, sino también en corresponsabilidad fiscal y fortalecimiento institucional.
“La sostenibilidad del pacto federal mexicano dependerá, en buena medida, de transitar de un modelo basado en dependencia financiera hacia uno sustentado en corresponsabilidad hacendaria.”
Dr. Abel Ortiz Prado
Consultor en gobierno, finanzas y administración pública.
Estructurador de Asociaciones Público-Privadas.
aborpra@hotmail.com
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