La influencia de las palabras en los niños
🖋️Por Sergio Mejía Cano | Tu Revista Perfiles
Sumario: Las ideas que escuchamos durante la infancia moldean nuestra forma de pensar — Muchas de nuestras limitaciones nacen de creencias aprendidas — Educar también implica cuidar las palabras que sembramos en las nuevas generaciones.
Las creencias que forman nuestra mente
Allá como a finales de los años 60 o principios de los 70, me tocó leer en la revista Selecciones del Reader’s Digest una anécdota sobre dos niños que iban caminando sobre un lago congelado en los Estados Unidos, cuando de pronto el hielo cedió bajo los pies de uno de ellos y la corriente comenzó a arrastrarlo.
Su compañero siguió el recorrido que llevaba debajo del hielo y, utilizando únicamente sus manos, logró romper la gruesa capa para rescatarlo.
Los testigos quedaron sorprendidos. No podían entender cómo un niño había conseguido romper el hielo sin ninguna herramienta. Cuando llegaron las autoridades, un rescatista veterano respondió con una frase que nunca olvidé:
«Es que todavía nadie le había dicho a ese niño que se necesitaba una herramienta para romper el hielo.»
Así que aquel pequeño, libre de prejuicios o limitaciones aprendidas, actuó únicamente impulsado por la necesidad de salvar a su amigo. Si hubiera creído que era imposible romper el hielo con las manos, probablemente habría perdido un tiempo valioso buscando un objeto adecuado.
Cuando las palabras crean necesidades
A mediados de los años sesenta, cuando cursaba el segundo año de secundaria, se organizó un festival escolar en el que habría taquitos de canasta y otros antojitos mexicanos acompañados con aguas frescas.
Sin embargo, las bebidas se retrasaron. Con el hambre que teníamos, comenzamos a comer de todos modos.
No faltaron quienes preguntaran cómo íbamos a «bajar la comida»: si a brincos o de qué manera.
Nuestra maestra de Español escuchó a uno de los compañeros insistir en que se iba a ahogar por no tener agua y se acercó para preguntarle algo muy sencillo:
—¿No tienes saliva?
Días después, durante uno de los tradicionales viernes sociales, la profesora retomó el tema y explicó que la saliva forma el bolo alimenticio que permite tragar normalmente, por lo que no es indispensable beber líquidos mientras se come.
Comprendimos entonces que muchas veces creemos necesitar algo simplemente porque lo hemos escuchado repetir durante toda la vida.
Ideas que se instalan desde la infancia
Algo semejante sucede cuando desde pequeños escuchamos decir que alguien no pudo dormir porque había ruido o porque la luz permanecía encendida.
Con el paso de los años terminamos convencidos de que nosotros tampoco podremos descansar bajo esas condiciones.
La idea queda instalada en la mente y acaba convirtiéndose en una verdad personal.
Los niños todavía no conocen esos límites
Con frecuencia, cuando asisto a reuniones familiares o fiestas ruidosas, hago notar que los bebés y muchos niños pequeños se quedan profundamente dormidos sin importar el volumen de la música ni la intensidad de la iluminación.
Simplemente llega el sueño y duermen.
No les preocupa el ruido porque aún no han aprendido que «no se puede dormir con ruido». Tampoco les molesta la luz porque nadie les ha enseñado todavía esa limitación.
Ahí vuelve a cobrar sentido aquella historia del niño que rompió el hielo con sus manos: muchas de las barreras que enfrentamos no existen en la realidad, sino que fueron construidas por las palabras que escuchamos desde la infancia.
Sea pues. Vale.
En Tu Revista Perfiles, respetamos absolutamente la voz del autor.
🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

