La corrupción somos todos: entre discursos, historia y una realidad persistente en México
Sumario: Un recorrido crítico por los discursos presidenciales y la permanencia de la corrupción como fenómeno estructural en la vida pública y social del país.
Por Sergio Mejía Cano
Promesas recurrentes y una deuda histórica
Se llegó a documentar que el principal propósito del ahora expresidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) era combatir la corrupción, incluso en la mayoría de las entrevistas al ser candidato a la Presidencia de la República, cuando se le preguntaba cuál sería uno de sus principales programas en caso de ganar las elecciones, por lo regular o casi siempre, no se cansó de decir que erradicar la corrupción en lo posible.
Ya como presidente de nuestro país, AMLO constantemente afirmaba que se estaba luchando en contra de la corrupción e incluso, creó la frase de no mentir, no robar y no traicionar; sin embargo, si bien estaba combatiendo contra este flagelo de la sociedad, en los hechos parecía que no se estaba haciendo nada, ¿por qué?
Del discurso político a la percepción social
Pues porque posiblemente tanto en su gabinete legal y ampliado, así como en parte de sus colaboradores gubernamentales, acostumbrados de que en pasados gobiernos por lo regular se decía lo mismo como cuando José López Portillo dijo en su momento: “la solución somos todos”, frase que una gran mayoría de la población transformó a decir: “la corrupción somos todos”.
Posteriormente, Miguel de la Madrid Hurtado afirmaba estar por la “renovación moral”, tal vez algunos políticos de aquel entonces creyeron que se refería a aquella moral de un famoso político potosino, Gonzalo N. Santos (1897-1978), quien acuñó la frase de que “la moral es un árbol que da moras”.
Carlos Salinas de Gortari, en su campaña como candidato presidencial decía: “que hable México” y Ernesto Zedillo Ponce de León decía que él sabe cómo hacerlo y que sería “el bienestar para tu familia”, frase que buena parte del pueblo mexicano cambió la palabra tu por la de su, hecho que se confirmó por lo enriquecido que salió de la Presidencia de la República.
Pero quien sí se voló la barda al hablar de la corrupción fue Enrique Peña Nieto, quien llegó a decir que la corrupción era un asunto cultural y, en algunas publicaciones a este dicho, se afirmaba que incluso era una cuestión genética, dando a entender que era algo normal en nuestro país.
Casos recientes y la persistencia del problema
Pero como sea, el caso es que ya en el sexenio de AMLO, se siguieron documentando varios asuntos de corrupción en diversas áreas gubernamentales, como uno de los más sonados en el organismo Seguridad Alimentaria Mexicana (SEGALMEX), creado precisamente por el mismo expresidente.
Igual en otras dependencias más que, si bien no hicieron tanto ruido, se dieron a conocer en portales de internet y redes sociales, donde la pregunta persistía: ¿qué pasó con el combate a la corrupción?
¿Un problema cultural o histórico?
En cuanto a lo dicho por Peña Nieto de que la corrupción era un asunto cultural, hubo voces que afirmaban que, de ser así, esto se debía al mestizaje y no a nuestras raíces autóctonas, sino a prácticas heredadas tras la invasión europea.
De acuerdo con algunos estudios históricos, no existen registros claros de corrupción en las naciones originarias de Mesoamérica, como mexicas, texcocanos o tlaxcaltecas, lo que abre el debate sobre el origen real de estas prácticas.
Entre la normalización y la impunidad
Así que existe la posibilidad de que, debido al mestizaje, gran parte de los mexicanos de hoy en día traigamos en la sangre esa genética de la corrupción, lo que la vuelve difícil de erradicar en la vida cotidiana.
Más aún cuando en distintos ámbitos, tanto gubernamentales como sociales, persiste la percepción de que el combate a la corrupción es “puro jarabe de pico”, es decir, palabras sin consecuencias reales.
De ahí que algunos políticos y servidores públicos continúen actuando bajo la idea de que nada les pasará, reforzando un entorno donde la impunidad sigue siendo dominante.
Corrupción cotidiana: el reflejo en la sociedad
Este fenómeno también se reproduce en niveles más bajos, como en algunas corporaciones policíacas o de vialidad, donde continúan presentándose abusos y actos de corrupción.
En muchos casos, no se percibe como un problema ético, sino como un error de ejecución: no es que esté mal hacerlo, sino que algunos fueron descubiertos por no hacerlo “bien”.
¿Se está haciendo algo realmente?
Sin embargo, ante este panorama, también cabe la posibilidad de que sí se estén realizando esfuerzos reales para combatir la corrupción en el país, aunque sus resultados no sean aún visibles o suficientemente contundentes.
Sea pues. Vale.
En Tu Revista Perfiles, respetamos absolutamente la voz del autor.
🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

