mayo 2, 2026

MÁS ALLÁ DE CONVICCIÓN Y LA RESPONSABILIDAD

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BETO Y TOÑO

Por Jorge González González

«Durante la campaña electoral de 2017 que llevó al triunfo al actual gobernador, una de las propuestas ofertadas, fue ser un gobierno diferente, distinto y distinguible al de Roberto Sandoval Castañeda, que se distinguió por los excesos de él y sus funcionarios, que hoy tiene a varios en la cárcel y otros huyendo. Cuando se sigue la misma ruta, la de los excesos se tendrá el mismo resultado.»

Es urgente recuperar la moral como norma de los políticos y la primacía del bien común de la sociedad como causa final de la política. Recuperar también el compromiso con el derecho y los usos sociales. No hacerlo supone el riesgo de que se tambaleen los fundamentos del pensamiento democrático y que se pierdan los hábitos propios del respeto a la dignidad de los demás en la escaramuza de los escarceos que impone la superficialidad de la política de moda.

Verán ustedes mis queridos y «maiceados» diputados (as) de la XXXII legislatura del Honorable Congreso de Nayarit. Recuperar la moral implica dar su justa dimensión a las formas «éticamente orientadas» que planteaba Max Weber en 1919: la de la convicción y la de la responsabilidad. Según Weber, el hombre de convicción dice aquello que piensa y hace aquello que cree sin detenerse a medir las consecuencias, porque para él la autenticidad y la verdad deben prevalecer siempre y están por encima de consideraciones de actualidad o circunstancias. El hombre responsable sintoniza sus convicciones y principios con una conducta que tiene presente las reverberaciones y efectos de lo que se dice y se hace, de manera que sus actos no provoquen catástrofes o resultados contradictorios aun designio de largo alcance. Para aquél, la moral es ante todo individual y tiene que ver con Dios o con ideas y creencias permanentes, abstractas y disociadas del inmediato acontecer colectivo- Para éste, la moral es indisociable de la vida concreta, de lo social, de lo político, de la eficacia, de la historia.

Ojalá entiendan mis gobernantes y magistrados o que alguien les explique. A simple vista esta clasificación parece nítida, iluminadora e irrefutable. Ninguna de las dos morales se antoja superior a la otra. Ambas son de naturaleza distinta y no pueden ser relacionadas en un sistema jerárquico de valores. El talón de Aquiles de esta división entre moralistas convencidos y moralistas responsables es que presupone, en unos y en otros, una integridad esencial, y para nada toma en cuenta a los simuladores, a los pillos y a los frívolos que se acomodan según les convenga en medio de las circunstancias actuales de este gobierno.

Por ejemplo: Integridad hubo en Fray Bartolomé de las Casas, típico moralista de convicción-cuando, las circunstancia, aparentemente pasó por alto los intereses de su monarca. Dijo la verdad sobre las iniquidades de la conquista y la colonización de América opto por la congruencia. El general Charles De Gaulle- ejemplo emblemático del moralista responsable-, despreciando la impopularidad y disimulando sus verdaderas intenciones respecto al explosivo tema colonial, logró imponer orden de modo pacífico en una sociedad que estaba al borde de la anarquía. Con visión de largo alcance con sabia estrategia de estadista con silencios y medias verdades, con suprema habilidad fue empujando a una opinión pública-al principio muy reacia-a resignarse a la idea de descolonización no sólo de Argelia, sino de todas las posesiones africanas de Francia. Desde su integridad, que dio consistencia a su acción, evitó no sólo el fracaso de su gobierno, sino una crisis que pudo ser tanto o más grave que la caída de la IV República francesa.

Más allá de la moral de la convicción, lujo de irresponsables en la que justifican sus acciones y excesos, y más allá de la moral de la responsabilidad, supuestamente connatural al político que sólo sirve para proveer de cortadas a los cínicos y marrulleros, es difícil ética política.

«La misma ruta de los excesos que los anteriores, veremos los mismos resultados «

Pobre Nayarit.

¿Cuál será legado que nos dejará el desgobierno de Toño Echevarría García? ¿Qué pasará cuando se vaya? ¿Qué tendremos cuando un nuevo gobernante llegue y encuentre tal nivel de autoridad en sus manos?

El legado va ser una situación peor que la que él encontró, porque lejos de generar los controles para reducir la corrupción, se gestó un poder absoluto entre sus amigos y familiares, con menor empoderamiento de la sociedad, defendiendo los intereses, no por decir los caprichos y excesos de ellos. Es peligroso el camino por el que transita este gobierno en estos tiempos, y vale la pena tenerlo presente a las futuras elecciones.

Dios cuide al gobernador.

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