La materialidad del aliento: Hacia una epistemología de la soberanía emocional y la despatologización del cuerpo docente
«Enseñar con ansiedad es como hablar en medio de una tormenta:
el reto es recordar que la calma también se aprende.»
Anónimo
Pedro Gonzales Castro y Rutilo Tomás Rea Becerra
Este ensayo aborda la ansiedad docente desde una perspectiva materialista inspirada en Dietzgen, para quien el pensamiento es un producto del cerebro y, por tanto, inseparable de las condiciones materiales en que se ejerce (Dietzgen, 1869/2010). Desde esta óptica, la ansiedad no puede reducirse a un fallo individual —neuroquímico o de “resiliencia”—, pues la neuroplasticidad evidencia la adaptación forzada del organismo a un entorno laboral precarizado y emocionalmente exigente (McEwen, 2007).
Ahora bien, la relación entre el monismo dietzgeniano y la neurobiología contemporánea debe entenderse como una analogía interpretativa y no como una continuidad científica directa, dado que la filosofía de Dietzgen antecede a nociones actuales como sinapsis, plasticidad neuronal o carga alostática (Dietzgen, 1887/2015). No obstante, su marco filosófico sigue siendo útil para comprender cómo las condiciones materiales moldean la actividad mental.
Desde esta perspectiva, la ansiedad docente deja de concebirse como un trastorno privado y se revela como un indicador de tensiones estructurales del trabajo educativo. Ello exige superar la visión individualista de la salud mental y avanzar hacia una comprensión política de la soberanía emocional.
Materialidad del trabajo docente y producción ideológica del malestar
La propuesta de Dietzgen de entender el cerebro como un órgano material de trabajo permite interpretar la ansiedad docente como una respuesta coherente ante un entorno laboral hostil. La teoría de la carga alostática muestra que el estrés prolongado altera la arquitectura neuronal y reduce la capacidad adaptativa (McEwen, 2007), por lo que la ansiedad no constituye un fallo individual, sino la reacción biológica de un organismo sometido a sobrecarga burocrática, presión institucional y precariedad.
Patologizar esta respuesta equivale a neutralizar su dimensión crítica y a devolverla al ámbito privado, impidiendo reconocerla como síntoma de una estructura educativa desgastante. Esta reducción coincide con el idealismo pedagógico que ha construido la figura del docente-vocación, una narrativa que espiritualiza el trabajo educativo y desplaza la responsabilidad del malestar hacia el sujeto, presentándolo como moralmente insuficiente o emocionalmente frágil (Fisher, 2009; Freire, 1970/2005).
Han (2012) profundiza esta crítica mostrando cómo, en la sociedad del rendimiento, la autoexplotación se vive como libertad, de modo que el agotamiento y la ansiedad se reinterpretan como fracasos individuales en vez de señales estructurales. Integrados, estos enfoques revelan que la ansiedad docente es un fenómeno simultáneamente biológico e ideológico: un malestar material producido por la organización del trabajo y reinterpretado culturalmente como deficiencia personal.
Comprenderlo exige desmontar tanto sus raíces neurobiológicas vinculadas al estrés crónico como las narrativas que privatizan y moralizan ese sufrimiento.
Hacia una terapia narrativa de la soberanía
Despatologizar el malestar docente requiere desplazar la atención desde la eliminación del síntoma hacia la comprensión de su origen dialéctico. La terapia narrativa propone externalizar el problema para reconstruirlo en su contexto, devolviendo agencia al sujeto (White & Epston, 1990). Desde este enfoque, el docente no es un portador de patología, sino protagonista de una historia tensionada por condiciones materiales opresivas.
Articulada con el monismo materialista, esta perspectiva transforma la regulación emocional en un acto de soberanía sobre la propia fuerza de trabajo. La ansiedad, lejos de ser un desorden a neutralizar, se convierte en un indicador legítimo de fricción estructural y en una fuente de lectura crítica del entorno laboral.
Conclusión
Comprender el malestar docente requiere una mirada transdisciplinar capaz de articular dimensiones biológicas, simbólicas, institucionales y políticas que ninguna disciplina explica por separado. Solo este enfoque permite elaborar conceptos puente —como soberanía emocional o privatización del estrés— que muestran que la ansiedad docente no es un fenómeno individual, sino el resultado de tensiones estructurales del trabajo educativo.
En consecuencia, la Alfabetización Emocional Política debe integrar la neurociencia del estrés con la crítica de la economía política. No basta con enseñar técnicas de autocontrol sin cuestionar las condiciones que asfixian al docente. Despatologizar la ansiedad implica reconocer su carácter histórico y material y convertirla en guía para la transformación institucional. Este gesto constituye el primer paso hacia la dignificación del trabajo docente como práctica cultural y política, y hacia el reconocimiento del cuerpo docente como territorio de soberanía y resistencia.
En Tu Revista Perfiles, respetamos absolutamente la voz del autor.
🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

Referencias
Denborough, D. (2014). Retelling the stories of our lives: Everyday narrative therapy to draw inspiration and transform experience. W. W. Norton & Company.
Dietzgen, J. (2010). The nature of human brain work: An introduction to dialectics. PM Press. (Obra original publicada en 1869).
Dietzgen, J. (2015). Philosophical essays: Letters on logic, religion, absolute foundations, and other subjects. Forgotten Books. (Obra original publicada en 1887).
Fisher, M. (2009). Capitalist realism: Is there no alternative? Zero Books.
Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido (2.ª ed.). Siglo XXI Editores. (Obra original publicada en 1970).
Han, B. C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder.
McEwen, B. S. (2007). Physiology and neurobiology of stress and adaptation: Central role of the brain. Physiological Reviews, 87(3), 873–904.
Sapolsky, R. M. (2004). Why zebras don’t get ulcers (3.ª ed.). Holt Paperbacks.
White, M., & Epston, D. (1990). Narrative means to therapeutic ends. W. W. Norton & Company.
