Micropoder, invalidación y la erosión del bienestar biopsicosocial
“Quien conquista a otros es fuerte;
más quien se conquista a sí mismo
es poderoso.”
Por Pedro Gonzales Castro y
Rutilo Tomás Rea Becerra
Introducción
La fractura del tejido social no se produce únicamente a través de crisis políticas visibles; también emerge silenciosamente en los intersticios de la vida urbana cotidiana: una banqueta obstruida, un elevador inoperante o el uso indebido del espacio público. Estos episodios, a menudo trivializados como simples molestias, constituyen manifestaciones de micropoder —formas situadas de dominación que se ejercen mediante la ocupación abusiva de servicios, espacios y normas sociales—.
La tesis central de este trabajo sostiene que tales actos no representan meras faltas cívicas, sino prácticas de invalidación que tienen efectos psicológicos y neurobiológicos documentados. El incumplimiento sistemático de normas básicas, sumado a la exigencia de sumisión o gratitud por parte del ciudadano afectado, erosiona dimensiones esenciales del bienestar biopsicosocial y debilita la soberanía subjetiva.
- Micropoder e invalidación social: Una anatomía crítica
El concepto de micropoder, entendido en términos foucaultianos como microfísicas del poder, describe la reproducción cotidiana de jerarquías a través de gestos ordinarios que normalizan la desigualdad (Foucault, 1977). En este sentido, prácticas como obstruir rampas de accesibilidad o transitar por aceras con vehículos motorizados son expresiones de dominación simbólica (Bourdieu, 1991): comunican metacomunicativamente que ciertos cuerpos y necesidades son prescindibles.
La invalidación social derivada de estas prácticas no es inocua. La evidencia de la neurociencia social muestra que la exclusión o falta de reconocimiento activa la corteza cingulada anterior dorsal (dACC), región involucrada en el procesamiento del dolor físico. Eisenberger (2012) demuestra que el dolor social comparte mecanismos neurales con el dolor físico, lo cual subraya el carácter lesivo de la desconsideración cívica.
Desde la teoría del reconocimiento, Honneth (1995) y Fraser (2000) advierten que la negación cotidiana de derechos es una forma de daño moral que compromete la agencia del sujeto. La exigencia implícita de “amabilidad” o “agradecimiento” para obtener un derecho legal —por ejemplo, el uso de espacios preferenciales— constituye una inversión perversa de jerarquías: desplaza la soberanía del ciudadano hacia la discrecionalidad del agente que detenta el micropoder.
- Neurobiología del estrés y carga alostática
Las microagresiones urbanas generan una carga alostática acumulada (McEwen & Wingfield, 2010). Como indica Valadez Ramírez (2018), los estresores propios de la incivilidad mantienen activado el eje HPA, elevando el cortisol y afectando la cognición y la emoción. Este estrés prolongado deteriora la neurogénesis hipocampal y la regulación prefrontal, por lo que el “límite de la paciencia” refleja agotamiento biológico y no un fallo moral.
Además, el estrés crónico reduce la responsividad dopaminérgica y favorece la indefensión aprendida (Bloomfield et al., 2019). La vida urbana intensifica la reactividad amigdalar (Lederbogen et al., 2011) y la incertidumbre ambiental debilita la regulación emocional (Meyer-Lindenberg, 2022).
- Hacia una Alfabetización Emocional Política
El reconocimiento de estos procesos invita a repensar la ciudadanía desde la perspectiva de la alfabetización emocional política: la capacidad de identificar cómo el ambiente sociourbano modela la experiencia emocional y la salud mental. Tal enfoque, coherente con la neurociencia social y las teorías del reconocimiento, sostiene que la indignación frente al abuso del micropoder no es una reacción desproporcionada, sino una respuesta biológica adaptativa frente a la injusticia.
Orozco Calderón (2020) señala que la regulación emocional colectiva depende en parte de la estabilidad y previsibilidad del entorno. Un ecosistema urbano que respeta normas básicas —derecho de paso, accesibilidad, funcionamiento adecuado de la infraestructura— reduce la reactividad de la amígdala y favorece procesos de homeostasis emocional.
Conclusión
La microtiranía cotidiana representa un fenómeno estructural que afecta no solo la convivencia, sino la arquitectura neurobiológica del bienestar. Minimizar la invalidación sistemática o patologizar la reacción ciudadana perpetúa un entorno hostil que limita la agencia y deteriora la salud mental. La verdadera soberanía del sujeto comienza cuando se reconoce que la cortesía no puede sustituir a la justicia y que la dignidad ciudadana se sostiene en el respeto cotidiano a los derechos, al espacio público y a la palabra de las personas.
Fortalecer la alfabetización emocional política permite comprender estas dinámicas no como sensibilidades exageradas, sino como respuestas legítimas ante un entorno que debe transformarse para garantizar una vida biopsicosocialmente digna.
🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

Referencias
Bloomfield, M. A., McCutcheon, R. A., Kempton, M., Vreeker, A., & Howes, O. D. (2019). The effects of psychosocial stress on dopaminergic function: A systematic review. eLife, 8, e46797. https://doi.org/10.7554/eLife.46797
Bourdieu, P. (1991). Language and symbolic power. Harvard University Press.
Eisenberger, N. I. (2012). The pain of social disconnection: Examining the shared neural underpinnings of physical and social pain. Nature Reviews Neuroscience, 13(6), 421–434. https://doi.org/10.1038/nrn3231
Foucault, M. (1977). Vigilar y castigar. Siglo XXI.
Fraser, N. (2000). Rethinking recognition. New Left Review, 3, 107–120.
Honneth, A. (1995). The struggle for recognition: The moral grammar of social conflicts. MIT Press.
Lederbogen, F., Kirsch, P., Haddad, L., Streit, F., Tost, H., Schuch, P., Wüst, S., Pruessner, J. C., Rietschel, M., Deuschle, M., & Meyer-Lindenberg, A. (2011). City living and urban upbringing affect neural social stress processing in humans. Nature, 474(7352), 498–501. https://doi.org/10.1038/nature10190
McEwen, B. S., & Wingfield, J. C. (2010). Allostasis and allostatic load. En Encyclopedia of stress (2.ª ed., pp. 135–141). Academic Press.
Meyer-Lindenberg, A. (2022). Urbanicity and the brain. Annual Review of Psychology, 73, 559–583. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-020821-122955
Orozco Calderón, G. (2020). Neurobiología del comportamiento y regulación emocional en entornos urbanos. UNAM Global.
Slavich, G. M. (2016). Life stress and health: A review of conceptual issues and recent findings. Annual Review of Clinical Psychology, 12, 393–421. https://doi.org/10.1146/annurev-clinpsy-021815-093041
Valadez Ramírez, A. A. (2018). Estresores psicosociales y carga alostática: El impacto de la incivilidad urbana en la salud mental. Revista Electrónica de Psicología Iztacala, 21(3), 1125–1148.
Williams, K. D. (2007). Ostracism. Annual Review of Psychology, 58, 425–452. https://doi.org/10.1146/annurev.psych.58.110405.085641
