Modernidad digital sí, pero sin excluir a nadie
Sumario: La digitalización de pagos en casetas y gasolineras es un avance necesario, pero plantea retos reales para sectores que aún no tienen acceso a servicios bancarios ni tecnología.
Por Sergio Mejía Cano
Bienvenida sea la modernidad digital, siempre y cuando llegue acompañada de sentido común y, sobre todo, de inclusión.
En la entrega anterior, donde se abordó la posibilidad de digitalizar los pagos en casetas de peaje y gasolineras, algunas personas que tuvieron la oportunidad de leer el artículo coincidieron en que la medida puede ser positiva. Sin embargo, también señalaron una preocupación válida: no todos los ciudadanos tienen acceso a tarjetas bancarias ni a internet, y mucho menos la familiaridad necesaria para operar plataformas digitales.
Una realidad que no es igual para todos
El problema no se limita a quienes viven en zonas urbanas con menor acceso a la tecnología. En realidad, la dificultad podría ser mayor en comunidades rurales, donde muchas personas nunca han tenido una tarjeta en sus manos o no están familiarizadas con el sistema bancario. Para ellos, este tipo de cambios no solo representa un reto técnico, sino una barrera que puede complicar su vida cotidiana.
Hay casos concretos que ayudan a entender esta situación. Existen poblados que, tras la construcción de autopistas, quedaron prácticamente obligados a utilizarlas para trasladarse a sus parcelas o a comunidades cercanas. Si bien existen caminos alternos, muchas veces son de terracería y se deterioran en temporada de lluvias. En situaciones de urgencia o simplemente para ahorrar tiempo, el uso de la autopista se vuelve necesario. Pero entonces surge la pregunta: si no cuentan con tarjeta o con saldo digital, ¿cómo podrán pagar el peaje? El mismo escenario podría repetirse en las gasolineras.
Modernizar sin dejar fuera
Por ello, en caso de que se avance hacia la digitalización total de estos servicios, sería prudente mantener una opción de pago en efectivo. No solo para quienes no tienen acceso al sistema bancario, sino también para situaciones imprevistas: falta de saldo, fallas en los dispositivos electrónicos o cualquier eventualidad que impida realizar el pago digital. La modernidad es necesaria, pero su implementación debe considerar que no todos avanzan al mismo ritmo.
Lecciones del transporte público
Este tipo de desafíos no son nuevos. Hace algunos años, en Tepic, se intentó implementar el pago en el transporte público mediante tarjetas de prepago. Curiosamente, la mayor resistencia no provino únicamente de los usuarios, sino también de concesionarios, permisionarios y choferes, quienes manifestaron su rechazo de distintas formas. Incluso, en su momento, algunas unidades portaban mensajes en contra del sistema.
Más allá de la resistencia inicial, también había inquietudes legítimas por parte de los usuarios. Se cuestionaba, por ejemplo, qué pasaría si una persona no contaba con el dinero suficiente para adquirir la tarjeta. Esa preocupación reflejaba una realidad: no todos pueden adaptarse de inmediato a un sistema que implica un gasto inicial.
El equilibrio posible
Con el tiempo, otras ciudades han encontrado soluciones más equilibradas. En Guadalajara, por ejemplo, el transporte público funciona principalmente con tarjeta, pero también permite el pago en efectivo mediante alcancías dentro de las unidades. Esto facilita el acceso a quienes no cuentan con tarjeta o están de paso. No obstante, hay sistemas como el macro periférico donde el pago en efectivo ya no es una opción.
La lección es clara: la modernización es necesaria, pero debe implementarse con sensibilidad social. No se trata de frenar el avance, sino de garantizar que nadie se quede atrás en el proceso.
Sea pues. Vale.
En Tu Revista Perfiles, respetamos absolutamente la voz del autor.
🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

