junio 5, 2026

Neurobienestar y Autorregulación: Superando el Reduccionismo de la Salud Mental

0
NEUROBIENESTAR

Todo lo que hacemos, pensamos, sentimos y creemos,

tiene un efecto en nuestro bienestar”.

Greg Anderson

Por Pedro Gonzáles Castro y Rutilo Tomás Rea Becerra

Introducción

El concepto institucional de salud mental padece una saturación que encubre un reduccionismo dualista, fragmentando al sujeto frente a la evidencia neurocientífica contemporánea (Pessoa, 2022). Esta obsolescencia desmaterializa el sufrimiento docente e invisibiliza las condiciones estructurales que lo producen. Frente a ello, el paradigma del neurobienestar —entendido como la integración dinámica entre sistema nervioso, experiencia afectiva y contexto sociopolítico— propone una unidad psicosomática donde la autorregulación se convierte en una práctica biopolítica. Desde esta perspectiva, el bienestar deja de ser un ideal individualista y se transforma en una tecnología de resistencia para preservar la integridad neurobiológica, la agencia y la lucidez crítica del docente.

  1. Autorregulación y el permiso para sentir: de la afectividad a la agencia

La definición tradicional de salud como “ausencia de trastorno” ha sido ampliamente cuestionada por su incapacidad para capturar la complejidad del sufrimiento humano (WHO, 2022). En contraste, la Salud Emocional se orienta hacia la capacidad de gestionar el flujo afectivo con precisión, plasticidad y sentido ético. Marc Brackett (2019) sostiene que el primer acto de soberanía emocional es el permiso para sentir, fundamento del modelo RULER, que demuestra empíricamente que el etiquetado emocional preciso modula la actividad de la amígdala y fortalece la corteza prefrontal (Lieberman et al., 2021).

La autorregulación no es represión ni autocensura, sino una habilidad neurocognitiva que reorganiza el sistema nervioso frente a la adversidad. Cyrulnik (2021) redefine la resiliencia como la capacidad de reconfigurar la arquitectura emocional después del trauma, más allá del estoicismo. Para el docente, esta habilidad constituye un recurso de supervivencia profesional y un acto de afirmación subjetiva frente a la presión institucional del rendimiento.

En términos prácticos, la autorregulación docente se expresa en acciones concretas: pausas somáticas breves, etiquetado emocional en tiempo real, microprácticas de respiración vagal, y la capacidad de leer el clima emocional del aula para intervenir sin reactividad. Estas prácticas no solo sostienen la estabilidad interna, sino que modelan una cultura escolar emocionalmente segura.

  1. El sustrato neurobiológico del neurobienestar: entre la fisiología y la ética de la resistencia

La Teoría Polivagal de Stephen Porges (2011; 2023) ofrece un marco robusto para comprender la autorregulación como proceso neurofisiológico. El tono vagal y la flexibilidad autonómica determinan la capacidad del organismo para alternar entre defensa, conexión social y calma activa. La variabilidad cardiaca (HRV), actualizada en estudios recientes (Laborde et al., 2022), se ha consolidado como un marcador fiable de regulación emocional y resiliencia.

Sin embargo, la autorregulación no puede reducirse a un fenómeno biológico. En un contexto que González Serrano (2024) describe como una filosofía de la resistencia, la regulación del sistema nervioso se convierte en un acto ético y político. La carga alostática —conceptualizada por McEwen y revisada por Juster et al. (2020)— evidencia que el estrés crónico no es un problema individual, sino un efecto sistémico de estructuras laborales que erosionan la salud cerebral.

Desde una mirada latinoamericana, Rita Segato (2018) ha mostrado cómo los sistemas institucionales producen cuerpos vulnerabilizados. En esta línea, regularse no es adaptarse pasivamente a la precariedad, sino preservar la capacidad de pensar, sentir y decidir en un entorno que tiende a desbordar los límites biológicos del docente. La autorregulación es, así, una forma de desobediencia fisiológica frente a la lógica del agotamiento.

  1. Incompletitud, Soberanía y Alfabetización Emocional Política

El discurso contemporáneo de la salud mental promueve una idea de completitud y optimización permanente que coincide con el mercado emocional (Illouz, 2020). José Carlos Ruiz (2023) advierte que esta exigencia produce frustración e hiperexigencia, mientras que la incompletitud constituye una condición humana y una fuente de creatividad ética. En este marco, la Alfabetización Emocional Política (AEP) se vuelve una competencia docente que articula conciencia situada, lectura institucional, regulación neurobiológica y acción transformadora. Basada en Damasio (2021), concibe al yo como proceso encarnado capaz de convertir vulnerabilidad en lucidez crítica. La AEP implica interpretar dinámicas de poder, reconocer su impacto emocional y responder con prácticas pedagógicas que resguarden la dignidad. Este enfoque se opone a la “sociedad del cansancio” descrita por Han (2022) y se alinea con la propuesta de Murueta (2026) sobre la sociedad del afecto, orientada a comunidades educativas cooperativas y empáticas.

Conclusión

La autorregulación constituye el puente entre la neurobiología, la filosofía y la política educativa. Superar el lexema de salud mental no es un gesto terminológico, sino un acto epistemológico que permite comprender al docente como un sujeto encarnado, afectivo y político. El neurobienestar no busca “curar” al docente, sino devolverle su soberanía emocional, habilitando la posibilidad de habitar la incompletitud con dignidad y ejercer una práctica pedagógica emancipadora.

En un sistema educativo que tiende a la sobrecarga y la despersonalización, la autorregulación se convierte en una forma de resistencia biológica, ética y política. Desde esa estabilidad neurofisiológica, el docente puede sostener una pedagogía crítica que no solo enseña, sino que transforma.

🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

Referencias

  • Brackett, M. (2019). Permission to Feel. Celadon Books.
  • Cyrulnik, B. (2021). Escribí soles de noche. Gedisa.
  • Damasio, A. (2021). Feeling & Knowing: Making Minds Conscious. Pantheon.
  • González Serrano, C. J. (2024). Una filosofía de la resistencia. Destino.
  • Han, B. C. (2022). La sociedad del cansancio (reed.). Herder.
  • Illouz, E. (2020). El fin del amor. Katz.
  • Juster, R.-P., et al. (2020). Allostatic load and stress physiology. Psychoneuroendocrinology.
  • Laborde, S., et al. (2022). Heart rate variability and emotion regulation. Biological Psychology.
  • Lieberman, M. D., et al. (2021). Affect labeling and neural regulation. Nature Human Behaviour.
  • McEwen, B. S. (2017). Neurobiological and Systemic Effects of Chronic Stress. Chronic Stress Journal.
  • Murueta, M. A. (2026). Psicología. Teoría y Praxis. Sociedad del Afecto. Amapsi.
  • Pessoa, L. (2022). The Entangled Brain. MIT Press.
  • Porges, S. W. (2011; 2023). The Polyvagal Theory. W.W. Norton.
  • Ruiz, J. C. (2023). Incompletos. Destino.
  • WHO. (2022). World Mental Health Report.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Verificado por MonsterInsights