Pensamiento político XXXIV
Por José Guadalupe Rocha Esparza
San Ambrosio, arzobispo de Milán, se granjeó la estimación y el afecto de todos, después de repartir su hacienda entre la Iglesia y los pobres. Desde Valentiniano hasta Teodosio, emperadores romanos, supo ejercer decisiva influencia por su doctrina social acerca de la justicia, los deberes de la riqueza y su carácter comunitario. Regula vínculos entre la Iglesia y Estado.
Interroga: ¿Qué rico no ambiciona insaciablemente lo ajeno? ¿Cuál no pretende arrebatar al pobre su pequeña posesión e invadir la herencia de sus antepasados? ¿Quién se contenta con lo suyo? ¿Qué rico hay al que no excite su codicia la posesión vecina? ¿Qué diferencia hay entre el rico que engulle lo que poseen los pobres y el tiburón que come peces chicos?
Dice que un pedazo estrecho de tierra es bastante a la hora de la muerte, lo mismo para el pobre que para el rico, y la tierra, que no fue suficiente para calmar la ambición del rico, lo cubre entonces totalmente. Sentencia: “Excava de nuevo los sepulcros e intenta distinguir al rico del necesitado. Acaso apreciarás en que con el voraz rico se pudren muchas más cosas”.
