Una tribuna costosa y una democracia de utilería
Por Manuel Rueda
La reciente convocatoria a una manifestación en respaldo al proyecto del estadio Nicolás Álvarez Ortega (NAO) dejó más dudas que certezas. Lejos de surgir como un acto ciudadano espontáneo, la movilización evidenció el uso estructurado del aparato estatal para generar una narrativa favorable al Ejecutivo.
Frases como “Es un honor estar con el doctor”, recicladas del repertorio de Morena, fueron coreadas en un evento montado cuyo escenario fue montado sobre dos costosas grúas usadas como templete, cuya procedencia financiera es cuestionable. ¿Quién pagó? ¿Con qué recursos? Porque es difícil creer que los asistentes —muchos con apariencia de haber sido “invitados” con poco margen de decisión— hayan cooperado económicamente para ello. Además, amenizó un mariachi que tampoco creo que haya “donado” su trabajo.
Detrás de esta escenografía hay algo más profundo: una tribu política de Morena que controla, moviliza y aparenta apoyo (porque hay otra “tribu” que respalda a la parte contraria).
Ese movimiento bajo la lluvia, de espontáneo, no tenía nada. Todo apunta a una maquinaria de poder en acción, eficiente, pero incapaz de disimular su origen.
Sí, el evento demostró la capacidad de organización del gobierno estatal, pero también reveló lo innecesario de enfrentar a una masa movilizada, con jóvenes que defienden un espacio público. Chocan dos mundos: el del control institucional y el de una juventud idealista que igualmente desconoce los intereses que también la manipulan.
Y aquí está el verdadero riesgo: la polarización. Cuando se caldean los ánimos y se juega con fuego, una chispa basta para encender un conflicto social que nadie desea.
Si el objetivo era validar que una supuesta mayoría apoya la obra, misión cumplida. El estadio se hará. “Viva la democracia”, aunque esa democracia sea de utilería.
La verdad es que, a la mayoría de la gente de Tepic, ni le va ni le viene el estadio, porque intuye lo que ya ha vivido antes: será un espacio cerrado, exclusivo, inaccesible para la ciudadanía común. Como ya ocurre con la Unidad Deportiva Santa Teresita, donde los vecinos sólo pueden caminar alrededor del enrejado, porque el acceso les está prohibido.
¿De verdad se construye para el pueblo? ¿O simplemente se reafirma que el poder decide y el pueblo aplaude… o calla?
