Ver los toros desde la barrera, lo hace cualquiera
“La injusticia es humana,
pero más humana es la
lucha contra la injusticia”
Bertolt Brecht
Por Dr. Pedro Gonzáles Castro y
Dr. Rutilo Tomás Rea Becerra
De entre las estrategias de propaganda goebbelianas, el sistemático uso del “método de contagio” se caracteriza por el uso de contenidos negativos, humillantes y/o ridiculizantes asignados para todo aquel que tenga ideas o realice acciones no deseables respecto a los grupos neoliberales. Llevarlo a cabo a través de las redes fortalece la acción impersonal y falta de responsabilidad directa, por ello la enorme facilidad de crítica, ya se trate de ricos, pobres, intelectuales, empresarios, “peje zombi”, “derechairos”, o cualquier otro miembro de la fauna de “activistas” de las redes sociales.
Y, en este sentido, resulta muy cómodo realizar “recomendaciones”, “sugerencias”, o críticas “constructivas” desde un sillón de cuero o un escritorio de cedro, a través de una poderosa “iMac” y bajo una premisa mercenaria. Ya sean políticos que condicionan su actuar solo si hay dinero de por medio; “radicales de izquierda” que critican a la 4ª T pero no aportan propuestas; izquierdistas “de academia” que desde un café realizan una revolución; jóvenes que solo cuestionan a tontas y a locas, sin la menor idea de lo que quieren; personas con brillantes ideas pero no se atreven a dejar su “cuarto de cristal”; manifestantes que destruyen lo que se encuentran en el camino, pero no construyen nada.
Esta ligereza en la crítica, sumada a la mentira y al montaje que realizan ciertos medios de información, son un caldo de cultivo para una guerra mediática de cuarta generación, que influye hasta en personajes de izquierda que se presumen de honestos y consecuentes. Es así que escuchamos comentarios como: “yo voté por López Obrador, pero me ha decepcionado”; “el gobierno federal no se ha conducido adecuadamente en el manejo contra la pandemia”; “en Guerrero se apoya a un acosador sexual”; “vamos hacia una dictadura”; “los apoyos económicos del Estado hacia los adultos mayores y jóvenes, es populismo”; “la mafia del poder también está en el gobierno”, “la corrupción no se ha terminado” y un sinfín de etcéteras.
A muchos se les olvida que el proyecto de la 4T es un proceso y como tal, no existe un cambio radical, inmediato. Debemos tener presente que, en todo proceso, lo nuevo no termina por afirmarse y lo viejo subsiste por un periodo determinado; la lucha por el poder es larga. Cuando López Obrador llega al gobierno de México, no asume en automático el poder total del país.
Y es que el fenómeno del poder no se concentra solamente en el gobierno. El poder también lo ejercen los empresarios, los medios de información y sus intelectuales orgánicos. Los espacios de poder también lo tienen las religiones e iglesias y, a través de éste, mantienen posturas conservadoras respecto a la diversidad sexual, los derechos de la mujer y sobre la libertad a decidir por si mismos. El poder se encuentra diseminado por la estructura del Estado, en instituciones, aparatos ideológicos y represivos, en células sociales como la familia, la escuela y ciertas organizaciones sociales.
El poder como tal no es incorpóreo y, como humedad, se ha logrado manifestar al interior del gobierno y en su bastión principal (el Partido-Movimiento de Morena); por ejemplo, entre algunos “militantes de base”; entre la “vieja guardia” que se ha vuelto invisible; en funcionarios públicos que han relegado las verdaderas intenciones de cambio y transformación, y a los que solo les preocupa la cuestión electoral, pero ¿A caso esperaban que los cambios fueran por decreto? ¿Qué la corrupción se acabará en automático o por el hecho de tener un presidente distinto?
Reza el refrán popular: “si las cosas fueran fáciles, cualquiera las haría”. Los cambios requieren de responsabilidades y de compromisos que no todos están dispuestos a asumir. No contamos con un partido de izquierda como tal, falta mucho por hacer al respecto. En este sentido, es necesario tener presente que Morena es una organización plural e inclusiva. Su objetivo es el bien social por encima de los intereses personales; la justicia, ante todo. Su fortaleza está en su gente, en el ejercicio de una transparencia permanente, en el compromiso en la lucha y en asumir responsabilidades. Pocos quieren tomar al toro por los cuernos y más de alguno esperará desde la barrera el momento ideal para vestirse de luces sin enfrentarse a la bestia en brama y sin sufrir los embates. Hasta entonces, esperemos el cambio de tercio y recordemos que esto es una revolución.
